LA LENGUA, UN PROBLEMA DE TODES

Entrevista con Gabriela Mariel Zunino

1160

“Las formas gramaticales condicionan determinadas representaciones mentales. Si yo digo “los plomeros” nadie representa mujeres u otras identidades, todo el mundo representa varones. Esa “o” está condicionando una visión de varón. Cuando uso la “e” la referencia es inequívoca a un grupo mixto. No marca a priori cuál es el género de las personas que conforman este grupo”. De la complejidad y multidimensionalidad del fenómeno del lenguaje inclusivo habla con Siete3siete la Doctora en Lingüística Gabriela Mariel Zunino.

737: ¿Qué es lo que sucede con el lenguaje inclusivo?

Gabriela Mariel Zunino: No es tan frecuente que se produzcan estas disrupciones en el orden establecido de la lengua y de los discursos y que seamos plenamente conscientes del fenómeno. En general los cambios lingüísticos los vemos cuando ya ocurrieron y no somos testigues del proceso que se da.  Así que esto no sabemos en qué va a terminar, si lo va a tomar toda la sociedad, si se va estabilizar. Pero es necesario tomar la complejidad y la multidimensionalidad del fenómeno. Y contrario a lo que hace la Resolución de la Ciudad de Buenos Aires y los discursos de la Ministra de Educación y del Jefe de Gobierno, no simplificar. Porque el fenómeno no es simple, es complejo como todos los fenómenos de la lengua. Y es una excelente oportunidad para conversar con todes sobre lo que es la lengua y sobre los supuestos que tienen les hablantes sobre su propia lengua.

Esto que se da ahora con el lenguaje inclusivo, se dio en otros momentos con el voseo y se da con todas las variaciones que tienen las lenguas. Que la lengua varía a lo largo del tiempo y entre comunidades lingüísticas es una idea que les lingüistas tenemos muy asimilada. Pero muches hablantes, en general, creen que hay una sola forma de hablar bien y que todo lo que se desvía de esta forma es hablar mal. Esto genera estigmatización y valoraciones sociales; desviarse implica algún tipo de valoración respecto del estatus social de esa persona. Una de las cosas peligrosas de esta restricción que ahora se pretende imponer en la Ciudad de Buenos Aires es que estigmatiza algunas formas lingüísticas y con ello a sus hablantes, a les hablantes que las eligen.

el fenómeno no es simple, es complejo como todos los fenómenos de la lengua. Y es una excelente oportunidad para conversar con todes sobre lo que es la lengua y sobre los supuestos que tienen les hablantes sobre su propia lengua

737: ¿Qué cambios trae el lenguaje inclusivo?

G. M. Z.: Incorporar las formas no binarias del lenguaje es una propuesta que si bien se dispara con un objetivo fuertemente político, intenta no quedarse en el nivel de las palabras, de lo léxico, sino que busca cambiar una parte de la estructura de la lengua que es la morfología de género.  La morfología de género tradicional en español es binaria. En latín no lo era, en alemán tampoco es así. O sea hay otras lenguas que tienen morfologías de género que no son binarias; no es “natural” tener una morfología de género binaria. Además la nuestra es una lengua con género gramatical: estamos obligades como hablantes a marcar todos los sustantivos ya sea los que refieren a personas como los que refieren a objetos, a entidades no animadas, con género. Para lenguas con género natural, como el inglés, sorprende por ejemplo que la mesa es femenino, como que no tiene sentido. Para las lenguas que no tienen género gramatical les resulta extraño que marquemos con género entidades no animadas. Bueno, el español lo hace. La forma no binaria viene a romper ese binarismo en las palabras que refieren a personas: sustantivos y pronombres, o sea “camionero” “camionera” “camionere”, o “ella” “el” “elle”. La complicación en español es que los sustantivos concuerdan en género con otras palabras, entonces te obliga a cambiar la morfología de más de una palabra. Eso, creo, es lo que genera la mayor resistencia, “¡me están cambiando todo!”. Les hablantes saben que tienen que concordar algunas palabras con estos sustantivos y lo hacen de hecho. Ningune chique dice “ninguno chique”; no marcan una palabra en un género y la otra en otro, porque es una regla gramatical que está ya adquirida. Buscan hacer la concordancia con el mismo morfema, en este caso la e.

737: ¿Por qué provoca tanta resistencia, que llega incluso, como en el caso de la Ciudad, a la prohibición?

G.M.Z.: Creo que lo más disruptivo del no binarioes justamente ese quiebre del binarismo y las proyecciones que genera sobre las representaciones mentales y sociales sexo-genéricas. Porque, por ejemplo, las discusiones que hubo con “presidenta”, costaron pero les hablantes lo aceptan más porque no tocan el binarismo, todo se sigue dividiendo en masculino y femenino. El no binario rompe con esto y obliga a pensar en otredades que no teníamos en la cabeza. Ese esfuerzo revela su gran potencia política. Cuando te molesta es porque algunas fibras está tocando y esto puede explicar en parte esa resistencia tan beligerante ante algo que además nadie está obligado a usar. Porque, en realidad, nadie obliga a nadie a usar el lenguaje inclusivo. Es más, hay movimientos de mujeres que siguen argumentando en favor de la “a” planteando que utilizando la “e” vuelven a ser invisibilizadas en un grupo mayor. Es decir, son formas de hablar igualmente válidas y las decisiones de usar unas u otras deberían ser conscientes y reflexivas, no naturalizadas.

muches hablantes, en general, creen que hay una sola forma de hablar bien y que todo lo que se desvía de esta forma es hablar mal. Esto genera estigmatización y valoraciones sociales

737: ¿Este fenómeno sucede sólo en nuestro país?

G. M. Z.: En el mundo se viene discutiendo esto desde hace muchos años. Las discusiones en inglés o en sueco, por ejemplo, están restringidas a los pronombres porque son las palabras que marcan género. Sobre el alemán, que tiene debates sobre esto desde hace al menos veinticinco años, hay estudios de cuánto sesga el género gramatical la representación que una persona hace de esa palabra, incluso en entidades no animadas. Es un dato interesante para ver que las formas gramaticales sí nos condicionan determinadas representaciones mentales. Para dar un ejemplo: en alemán sol es femenino, al revés que en español, y luna es masculino, al revés que en español; les hablantes alemanes caracterizan al sol y la luna con características femeninas y masculinas respectivamente, nosotres al revés. El género gramatical nos lleva a pensar en esa entidad en términos estereotípicamente femeninos o masculinos. Son datos interesantes, a veces poco conocidos, que además nos muestran que esta idea de que el español tiene la “o” como masculino genérico no es demasiado válida. Tenemos estudios en el español rioplatense, hechos por el equipo que yo dirijo, que nos muestran que la “o” genérica del español no logra representar grupos mixtos o de género no uniforme. Sobre todo en los que se llaman nombres de rol -porque hacen alusión a profesiones, roles sociales, etc.- que están muy vinculados estereotípicamente a varones. Si yo digo “los plomeros” nadie representa mujeres  u otras identidades, todo el mundo representa varones. Ahí esa “o” no está funcionando como genérico, está condicionando una referencia exclusiva de varón. Cuando uso con ese mismo sintagma la “e” la referencia es inequívoca a un grupo mixto. La “e” está funcionando sin marcar a priori cuál es el género de las personas que conforman este grupo.

737: ¿Y no dificulta la lectura?

G. M.Z.: Hacemos experimentos que lo que hacen es evaluar el rendimiento en lectura, tanto en comprensión como en velocidad de procesamiento, y no sería un obstáculo en adultes (no hicimos el experimento en niñes). No sólo no obstaculiza sino que en la mayoría de los casos se lee más rápido. Hay varias hipótesis que podríamos adoptar. Una de ellas es que justamente la “e” se termina especializando en referir a grupos mixtos y no tiene la doble posibilidad de sólo masculinos o mixtos que tiene la “o” genérica. En términos de procesamiento uno podría explicarlo de distintas maneras, pero el resultado real es que a las personas no les cuesta más leer una oración que tiene un sintagma no binario que una oración que tiene un sintagma con el “o” genérico.

737: ¿Y en relación al proceso de alfabetización que se da en la escuela?

G. M. Z.: Está bastante generalizado pensar que les niñes adquieren las reglas gramaticales cuando entran a la escuela. Eso no es así. Les niñes entran hablando, entran teniendo sus reglas gramaticales de modo inconsciente pero en pleno uso, no generan oraciones a-gramaticales cuando hablan. Lo que en la escuela hacen es reflexionar conscientemente sobre estas reglas que ya le niñe adquirió como hablante de una lengua. El paso de la lengua oral a la lengua escrita es lo que, en general, hace la alfabetización inicial, pero no es que genera las reglas gramaticales. Si le niñe habla con lenguaje inclusivo no va a tener problema en escribir con lenguaje inclusivo, porque sabe cuál es la correspondencia de los fonemasy grafemas: lo que suena como “e”  se escribe con “e”. ¿Podríamos decir que esto eventualmente puede generar algún problema? Habría que estudiarlo y probarlo. Yo como investigadora no puedo hacer afirmaciones categóricas del nivel de las que hace el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires sin ninguna evidencia.

El no binario obliga a pensar en otredades que no teníamos en la cabeza. Ese esfuerzo revela su gran potencia política. Cuando te molesta es porque algunas fibras está tocando y esto puede explicar en parte esa resistencia tan beligerante ante algo que además nadie está obligado a usar

737: La prohibición del uso de lenguaje inclusivo en las escuelas porteñas, está generando distintas respuestas desde los ámbitos académicos. Entre otras, un documento  titulado “¿Qué dice la lingüística sobre el lenguaje inclusivo?”, elaborado por un conjunto de lingüistas del que formás parte. ¿Qué los llevó a hacer público este pronunciamiento?

G. M. Z.: Hay dos elementos. Uno es nuestra voluntad como investigadores e investigadoras de instituciones públicas de poder  intervenir en el debate público y mostrar que las investigaciones que se hacen en el CONICET y en las universidades públicas tienen un correlato en la vida cotidiana de las personas. Hay un prejuicio respecto de que la academia es una burbuja y que nunca habla de problemas cotidianos. Este tema dejó a la vista que la lengua siempre es un problema cotidiano y de todes, y que les investigadores nacionales tienen cosas para decir. Otro de los elementos es poner en discusión esta idea de que hay temas más urgentes que otros y en esa urgencia son más importantes que otros.  Se escucha decir “esto es una discusión de élite”. Yo he visto discusiones en distintos barrios populares, en distintas organizaciones, que niegan que esto sea un problema de elite. Porque la constitución identitaria que nos da la lengua es un problema de todas las personas. Hay algo fuertemente político que no viene ni antes ni después de otro problema social grave, es parte constitutiva de esta trama social. No es que lo podemos dejar para después. Por otra parte, es una buena oportunidad para repensar el espacio de la escuela. ¿Es un lugar para normalizar, en este caso los usos lingüísticos, y para separar entonces a les chiques que “hablan bien”, es decir que respetan las normas, de los que “no hablan bien” porque no respetan las normas? ¿O es un lugar para problematizar, para complejizar,  para conversar y reflexionar sobre todos los fenómenos de la vida social y particularmente sobre la lengua y su multiplicidad de dimensiones? ¿Dar prescripciones y hacer clasificaciones de niñes por cómo hablan, o darles la potestad de que hagan uso de su lengua, de que se la apropien y entiendan de qué se trata?

Gabriela Mariel Zunino. Licenciada en Letras y Doctora en Lingüística (UBA). Desarrolla tareas docentes en grado y posgrado en las facultades de Psicología y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; y la Universidad del Comahue. Dirige y co-dirige tesistas y proyectos de investigación en el ámbito de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Es investigadora asistente en CONICET. Ha realizado estancias de investigación internacionales en Latin American School for Education, Cognitive and Neural Sciences y en el Centro de Investigación Básica en Psicología (CIBPsi UDELAR). Dentro de los estudios sobre cognición y procesamiento de lenguaje, está especialmente interesada en los estudios interdisciplinarios que vinculan lingüística teórica, filosofía de la mente, psicolingüística y educación. Tiene, además, trabajos sobre la relación entre pensamiento y lenguaje, la articulación entre sintaxis y semántica durante la comprensión de lenguaje. Actualmente intenta analizar el procesamiento de formas morfológicas no binarias en español y su relación con la manipulación cognitiva de representaciones mentales sostenidas sobre estereotipos de género.