BACHILLERATOS POPULARES, EDUCACIÓN PARA LXS TRABAJADORXS

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Los Bachilleratos Populares de Jóvenes y Adultxs surgieron a fines de los 90 como un intento de dar respuesta al proceso de expulsión del sistema educativo de amplios sectores de las clases populares. A 20 años de la creación de la primera escuela, y con más de 200 en todo el país, Roberto Elisalde traza un balance de la experiencia y aclara: “A nosotrxs no nos interesa polarizar con lo existente, sino construir una propuesta superadora”.

737: ¿Cómo surgen los bachilleratos populares?

Roberto Elisalde: Los bachilleratos populares de jóvenes y adultxs tienen un origen que remite, como concepto, como problema y como estrategia, a fines de los años 90. Allí surgió un diagnóstico de parte del equipo de educación popular, del que formé parte junto a la compañera Marina Ampudia, entre otrxs compañerxs. A partir de nuestras investigaciones en la UBA y de nuestro trabajo, como profesorxs o como directivxs, en escuelas de jóvenes y adultxs, comenzamos a registrar, entre el año 98 y el 2000, la evidencia empírica del fracaso de la reforma educativa de los 90, que comenzaba a explotar desde varios lugares. Y uno de ellos era la crisis en la escuela media.

Más de 4 millones de personas en la provincia de Buenos Aires y más de 14 millones en todo el país no habían terminado el secundario, y se encontraban en condición de riesgo educativo, como lo llaman algunas de nuestras colegas investigadoras como Teresa Sirvent. Esto da origen a un conjunto de estrategias que, desde nuestra experiencia, fue la creación de escuelas populares, o los bachilleratos populares de jóvenes y adultxs, como se denominaron.

Esa fue la primera etapa, en la que se daba cuenta del diagnóstico que nosotrxs planteábamos: un proceso de expulsión de la escuela media que en el mejor de los casos tenía un retorno, aunque en una proporción mínima, hacia las escuelas de jóvenes y adultxs. Frente a ese diagnóstico objetivo construimos un equipo de educación popular, y el vínculo en el proceso que va desde el 99 al 2003, con diferentes organizaciones sociales y territoriales de la provincia de Buenos Aires. En el año 2000 creamos la primera escuela, articulada con una organización social del Conurbano, que se llamaba El Telar, donde se organiza un bachillerato de jóvenes y adultxs que tenía reconocimiento, pero por el lado de la gestión privada.

Nosotrxs lo que evidenciábamos como diagnóstico político era que la gestión pública en los años del menemismo, no solo no estaba tomando ninguna decisión para este sector de la población, sino que las medidas que se aplicaban eran perjudiciales para la educación. Quiero destacar que hablar de educación de jóvenes y adultxs en realidad es un eufemismo para referirse a la educación de lxs trabajadorxs, porque la inmensa mayoría de quienes cursan en estas escuelas son trabajadorxs y personas vinculadas a clases populares.

hablar de educación de jóvenes y adultxs en realidad es un eufemismo para referirse a la educación de lxs trabajadorxs, porque la inmensa mayoría de quienes cursan en estas escuelas son trabajadorxs y personas vinculadas a clases populares.

737: ¿Cómo continúa el proceso?

RE: El segundo momento es cuando nos vinculamos, como colectivo de educación popular, con las empresas recuperadas. Esa articulación genera un proceso de expansión muy fuerte de los bachilleratos populares. Porque las empresas recuperadas dan cuenta precisamente de lo que nosotrxs veníamos viendo en las organizaciones territoriales y en los barrios populares, que es la necesidad de escuela. Según nuestras investigaciones, la población joven y adulta, pero sobre todo la joven, era mayoritaria como potencialidad para estas escuelas. Y es un dato que es constante. Hoy hablamos de un 65 por ciento de jóvenes de hasta 25 años que cursan en las escuelas de jóvenes y adultxs, cualquiera sea su formato, CENS, bachilleratos populares, FinEs, etc.

737: ¿De qué antecedentes históricos se nutre la educación popular?

RE: Nosotrxs veíamos que la construcción de escuelas populares y la tradición de disputar estrategias desde el campo de lxs trabajadorxs en la educación, es histórica. Lo había hecho el movimiento obrero, en los años del socialismo, del anarquismo; el peronismo, porque el circuito de educación obrera que plantea el peronismo no es más que una continuidad de esa estrategia de reivindicar el campo educativo en clave de intereses de lxs trabajadorxs.

Esos años de bonanza y movilidad social que indudablemente fueron los años 40 y 50, y por arrastre, hasta los 60 y 70, el neoliberalismo los había hecho trizas. Por eso el diagnóstico que nosotros planteamos de la educación de jóvenes y adultxs. Por eso decimos que es un eufemismo, porque detrás de esa institucionalidad estamos hablando de la educación postergada como educación de lxs trabajadorxs. Si estamos hablando de más de 14 millones de jóvenes y adultxs fuera de la escuela, hay un proceso que necesita de una reversión por parte de la política pública.

737: ¿Qué ofrecen los bachilleratos populares y qué demandan lxs trabajadorxs que se acercan a ellos?

RE: Lo que nosotrxs veíamos era que la demanda para estudiar era una constante en los bachilleratos de jóvenes y adultxs en general. Pero también observábamos que la escuela media no daba cuenta de las particularidades de la franja juvenil, de 15 a 25 años, como la rotatividad de sus trabajos o la heterogeneidad etaria.

Lo que vimos es que había una necesidad. Hay una especie de presupuesto de otros sectores sociales de que la educación importa menos o no importa en los barrios populares. Es un prejuicio, claramente. Importa como en cualquier familia. Y, por otro lado, luego está la responsabilidad de la política pública de que esas escuelas puedan dar cuenta de ese nuevo mundo del trabajo, en rotatividad, en heterogeneidad.

Una investigadora que se llama Silvia Brusilovsky, que ha realizado muchos trabajos de investigación y colaboraciones con sindicatos y organizaciones sociales, planteaba que había distintos modelos de escuelas de jóvenes y adultxs. Uno era un modelo asistencialista, casi infantilizador, de tratar al adulto como a un niño, de reproducir la lógica de la escuela tradicional, frente a un sujeto fuertemente heterogéneo.

El otro modelo era si se quiere el disciplinador, que referenciaba incluso al modelo de la educación de adultxs como era antes de los 70. Ambos tenían un fuerte sesgo segregacionista. Y un tercer modelo que ella asociaba era el que comenzaba a gestarse desde abajo, desde las organizaciones territoriales, desde otros colectivos que aspiraban a dar cuenta de esta heterogeneidad y se inspiraban en este concepto de Freire de construir otra calidad educativa. Por un lado, los compañeros y las compañeras que iban a estudiar buscaban terminar su formación. Y también tenían una necesidad de inmediatez: la demanda en el proceso de precarización laboral, si se quiere, les exigía un título secundario hasta para el trabajo de mínimas condiciones.  

lo que también encuentran en los bachilleratos populares es otro diseño de gramática escolar, que no es un tema accesorio. Hay un núcleo de participación que tiene que ver con la gramática institucional, hay un órgano que decide junto a los equipos docentes, naturalmente, la política educativa de cada escuela: es la asamblea

Pero lo que también encuentran en los bachilleratos populares es otro diseño de gramática escolar, que no es un tema accesorio. Hay un núcleo de participación que tiene que ver con la gramática institucional, hay un órgano que decide junto a los equipos docentes, naturalmente, la política educativa de cada escuela: es la asamblea. Todos tienen asambleas de profesores y estudiantes, todos tienen direcciones colectivas.  Esto tiene que ver con el tema de la apropiación de la escuela. La escuela como institución de sociabilización, de participación, pero sobre todo de apropiación de estudiantes y profesores. En síntesis: la asamblea, la organización colegiada, diseños curriculares participativos, redefinición de normas de convivencia, tomando distancia de los modelos disciplinarios y de los asistencialistas.

737: ¿Ustedes cuestionan los demás subsistemas de educación de jóvenes y adultxs, o creen que los bachilleratos populares y el resto de los formatos son complementarios?

RE: Acá hay varias voces y opiniones. Desde el punto de vista general, después de 20 años de intercambio, de diagnóstico, de seguir trabajando en este proceso de la educación pública popular, nosotrxs creemos que frente al proceso de expulsión de millones de jóvenes y adultxs, la política pública no se quedó atrás, por eso nos reconocen muchos bachilleratos. Lo que creemos es que ahí faltó una articulación entre lo existente y lo nuevo. Lo existente eran los bachilleratos populares, lo nuevo eran los programas focalizados que empezaban a plantearse y que de algún modo reconocían este proceso de desigualdad y de expulsión de la escuela media. Ahí aparecen los planes FinEs, que al mismo tiempo son la evidencia de que ese diagnóstico era correcto.

A nosotrxs nos parece que en esos años faltó una articulación de lo existente, no ver si un modelo era mejor que otro, sino de lo existente. Necesitamos que la política pública dé cuenta de este diagnóstico. Los años de macrismo fueron destructivos para la educación de jóvenes y adultxs. Fue una mirada claramente clasista, desde el punto de vista de destruir las instituciones en los circuitos donde se formaban lxs trabajadorxs. Entonces, frente a esa situación, y en el marco de un sistema educativo complejo como el argentino, no se trata de ver qué modelo es mejor.

no se puede tener una política para el CENS, otra para el FinEs y otra distinta para los bachilleratos populares. Estamos hablando de un mismo sujeto social, lxs trabajadorxs. La política pública tiene que tener una mirada global, y tienen que ser lxs protagonistas de los colectivos quienes formen parte de esa red o política pública a diseñar.

Para darte un ejemplo. Soy parte de un colectivo que se llama RIOSAL, que es una red de investigadores y organizaciones sociales de América Latina, en CLACSO, y articula con organizaciones sociales y sindicales de nuestro país. ¿Cuáles fueron los últimos bachilleratos populares que se crearon? Fueron en Tierra del Fuego. ¿Y esta vez quién fue el protagonista? El sindicato docente. ¿Y tuvieron el reconocimiento de la política pública? Sí, cuando se fue la gestión anterior y ganó el Frente de Todos, una de las primeras medidas que tomó en educación fue reconocer a los bachilleratos populares de jóvenes y adultxs que se crearon en Tierra del Fuego dentro del sistema público, dentro de la política pública.

Y allí nos preguntaron nuestra opinión y nosotrxs elaboramos un proyecto que se llama La Red de Educación Pública y Popular de Jóvenes y Adultos. Y en esa red, para nosotrxs deberían participar nuestros sindicatos docentes, las organizaciones sociales y la gestión pública, y tienen que estar los CENS, los FinEs y los bachilleratos populares. Y allí plantear una política de articulación común, porque no se puede tener una política para el CENS, otra para el FinEs y otra distinta para los bachilleratos populares. Estamos hablando de un mismo sujeto social, lxs trabajadorxs. La política pública tiene que tener una mirada global, y tienen que ser lxs protagonistas de los colectivos quienes formen parte de esa red o política pública a diseñar.

A nosotrxs no nos interesa polarizar con lo existente, sino, con lo que tenemos, construir una propuesta superadora. Decimos que nuestros sindicatos y organizaciones sociales, todxs aquellxs que tienen una mirada vinculada a los intereses populares, deben debatir y discutir qué escuela pública y popular construimos.

737: ¿Qué aprendizajes, avances o logros destacás en estos 20 años de bachilleratos populares?

RE: La historia de la educación de jóvenes y adultxs es una historia heterodoxa. Siempre tuvo un fuerte protagonismo en la historia sindical de nuestro país, nace precisamente en la heterogeneidad, no hay un solo modelo. Entonces en ese punto, el balance incluye la idea de interpelar un modelo institucional o una determinada gramática escolar, retomar los mejores aportes de las luchas de la historia de nuestra educación, ver cómo se rediscutían y se incorporaban parte de esas discusiones. Otro elemento importante tiene que ver con el diseño de las propuestas hacia la pedagogía y la didáctica. Desde el punto de vista pedagógico, fue la experiencia desde abajo en construir diseños curriculares, aulas participativas y con contenidos claramente conceptualistas a distancia de las tradiciones positivistas, si se quiere, o más regresivas de los contenidos.

Algunxs de nosotrxs formamos parte de los equipos que elaboraron proyectos de libros de texto alternativos con cooperativas. En este momento estamos en un proceso de construcción de libros de texto de jóvenes y adultxs. Porque eso tiene qué ver precisamente con cómo enseñar y qué contenidos plantear. ¿Qué libros de texto conocemos, de alguna editorial de las más renombradas y de las menos, para jóvenes y adultxs? No hay. ¿Y por qué no lo hacen? Porque no es redituable.

Enlaces a libros de texto de jóvenes y adultxs elaborados desde Riosal, junto a la empresa recuperada Chilavert:

Nosotrxs planteamos que la educación de jóvenes y adultxs tiene una particularidad también en el proceso formativo. Al cabo de estos 20 años, lo que comenzamos a ver es que los bachilleratos populares fueron gestando sus propios materiales, sus propios cuadernillos, sus propias producciones. Yo creo que la vinculación con el movimiento social es lo que le dio sentido a los bachilleratos populares. Porque un equipo hace el diagnostico, pero la apropiación de esa escuela como estrategia de las organizaciones sociales y sindicales, es una decisión del colectivo. Cuando las fábricas recuperadas dicen “nosotros queremos devolverle algo a la comunidad, necesitamos escuelas”.  

737: ¿Pensás que las demandas de los bachilleratos populares irán encontrando respuestas?

RE: Bueno, nosotrxs creemos que tiene que ser así. Creemos que una política que dé cuenta de las necesidades populares en el campo educativo tiene que tener una particular atención. Pensamos que es necesario atender a este sector porque es la educación de lxs trabajadorxs. Y necesitamos mayores partidas presupuestarias, para inversión en infraestructura y en mejores condiciones para la formación de los equipos docentes, no solo de los bachilleratos populares sino de la educación de jóvenes y adultxs en general.

Roberto Elisalde es Doctor en Historia, Magister en Educación y Posdoctor en Educación (Unesp-Brasil). Profesor e investigador de la UBA. Cofundador, junto a Marina Ampudia y equipo, de la estrategia de los Bachilleratos Populares. Coordinador en Red RIOSAL-CLACSO.