
No podría precisar cuándo comenzó el desbande, es innegable que fue silencioso y rápido, en unos pocos meses dejamos de vernos.
En los ́70, muchos estudiantes del interior, vivíamos en el barrio Universitario, un predio cercano a la UNS*. Eran varias casas construidas en décadas pasadas con el fin de alojar -en principio- a profesores que venían de otras latitudes a incorporarse a grupos de docentes de la recientemente creada, casa de altos estudios.
Pasado el tiempo, y con otros vientos políticos, se destinaron a estudiantes, ya que estaban diseñadas con ese fin. Tenían espacio para ocho jóvenes cada una donde, como es de imaginar, se compartían experiencias, sueños, guitarreadas y charlas interminables que fomentaban el acercamiento afectivo de los habitantes. Así comenzó mi entrañable amistad con Darío, mi compañero de pieza.
En esos años, nos preocupaba mucho el futuro y nuestro papel en él, por eso los temas rondaban alrededor de la política del momento y lo preocupante de la situación que se estaba viviendo dentro de la universidad: el cambio de rector, el cierre del comedor universitario y las clases -muchas veces- intermitentes por conflictos. También conversábamos sobre los profesores que hacían oídos sordos al clima tenso frente a la permanencia de militares armados paseando por los pasillos del edificio, tiroteos inexplicables y estallidos de bombas en las madrugadas…
Todo era preocupante, cuando nos dábamos cuenta de que se habían llevado a un compañero encendíamos las alarmas alertando por el peligro que se percibía. En esos casos, tratábamos de comunicarnos con los familiares para, de ese modo, comenzar con los reclamos, porque es de aclarar que, en Bahía Blanca, no desaparecían… directamente los mataban y aparecían tirados a las afueras de la ciudad.
Así fue como, poco a poco, frente a esa situación de terror, cada uno fue dejando el barrio. Unos se volvieron a su lugar de origen, otros salían solo para cursar o rendir sus últimas materias. Los menos buscaron trabajo en la ciudad, para quedarse y terminar sus proyectos. Darío se fue a un pueblo cercano a trabajar junto a su compañera y yo me fui a una escuela de campo, ya que para entonces, tenía mi primer hijo.
Debo decir que la mayoría de los estudiantes pedíamos prórroga año a año y en noviembre del ́76, nos convocan a revisación para cumplir con el servicio militar. En ese momento, muchos de nosotros nos encontramos, con la alegría propia de volver a vernos y ansiosos por compartir vivencias.
La alegría del encuentro duró lo mismo que el flash de la foto de conjunto que aún conservo. Nos separaron por grupos y fuimos pasando por todas las instancias que corresponden. Tanto Darío como yo estábamos seguros de que teníamos justificada la baja dado que ambos éramos padres.
Esa fue la última vez que lo vi.
Cuando terminaron con la revisación, nos dejaron libres y cada uno regresó a su lugar sin su documento de identidad ya que lo retenían hasta dar la baja definitiva. No recuerdo claramente cuánto tiempo pasó, pero después de más de un año recuperé mi libreta de enrolamiento.
Habían pasado unos pocos meses cuando escuchamos por la radio que Darío había sido abatido en un enfrentamiento armado en una calle de la ciudad. Nunca supimos con exactitud lo que había sucedido, aun así, sospechamos que lo capturaron después de reconocerlo al presentarse a la convocatoria del ejército.
Esperanza, su compañera, era española y pudo regresar a su país, desde allí siguió buscando justicia. Hace unos meses, al fin, se concretó su juicio.
La vida siguió su camino sin poder olvidar esos tiempos siniestros donde muchos se callaron y otros se jugaron enteros como las Madres y las Abuelas que hoy siguen reclamando por sus seres queridos. Son orgullo y ejemplo de lucha nacional e internacional.
Esa es la razón por la que ahora, en el ocaso de mi vida, me duele ver a muchos distraídos con los espejitos de colores de una derecha voraz. Mi sueño es que la tortilla se vuelva y comencemos a ver las calles repletas de jóvenes bulliciosos, comprometidos y activos luchando por un mundo mejor.

*Universidad Nacional del Sur, Bahía Blanca.









