MEMORIA COMPAÑERA

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Una patota militar ingresa a una escuela para llevarse a una maestra, Nieves Kanje. Sobreviviente del Centro Clandestino «El Vesubio», Nieves habla con 737 del odio machista y patriarcal que reinaba sobre el cuerpo de las mujeres.

“Nosotros prepararemos a los hijos para que sean conductores en la hora de los pueblos, cuya aurora comienza anunciando un nuevo día, en el que los pueblos tomarán las riendas de su propio destino”.

Marina Vilte

El 18 de julio de 1978 una patota militar ingresa a una escuela para llevarse a una maestra recién recibida, de 20 años, que aunque se resiste no puede con ellos. 

No puede con su fuerza ni con sus amenazas genocidas y patriarcales, aunque lucha para que sus alumnos no vean la situación de violencia que padece.

“Como a la mayoría de lxs desaparecidxs”, la meten en un auto sin saber a dónde va, llena de temor e impotencia, sin entender por qué tres hombres armados la arrancan de su escuela.

Nieves Kanje

En el Centro Clandestino “El Vesubio”, donde la llevan, la palabra “horror” queda chica. Como en todos los Centros Clandestinos, las torturas, las violaciones y la muerte se convierten en armas de goce para extraer información.

El testimonio de Nieves Kanje, sobreviviente del Centro Clandestino de Detención «El Vesubio», nos vuelve a helar la sangre en este 24 de marzo. A través de sus palabras, analizamos también el especial ensañamiento con las mujeres y las disidencias. Porque la MEMORIA tiene que ser completa, tiene que escucharlas a todas, para que la VERDAD y la JUSTICIA sean el reconocimiento y el perdón que nuestra sociedad les debe.

SÍ ME SIRVE LA VIDA QUE ES VIDA HASTA MORIRSE

“Nosotras, mujeres setentistas, no éramos sumisas ni queríamos ser cómplices de una sociedad desigual. Desafiábamos al poder establecido, militábamos por una sociedad mejor. Sindicalistas, estudiantes, trabajadoras, sexualmente activas. Rompíamos el modelo patriarcal y éramos una amenaza al poder autoritario, neoliberal, que quiso imponer la dictadura. Yo creo que por eso ellos nos consideraban ‘malas madres’; nos llamaban prostitutas, subversivas, terroristas”.

Yo tuve a mi hija en Devoto, donde me trasladaron desde el Vesubio. Siendo primeriza, las compañeras me enseñaron desde cómo respirar hasta cómo maternar a mi beba con mucho amor y solidaridad

Represores, asesinos, genocidas que querían aniquilar sus pensamientos e ideas de una sociedad más igualitaria y mejor. Y en el medio, el particular ensañamiento con las mujeres y los grupos disidentes. Así lo relata Nieves:

“Las violaciones, los partos sin asistencia médica, parir en maternidades clandestinas y el posterior robo de bebés fueron muestras del odio machista y patriarcal que reinaba sobre el cuerpo de las mujeres: un cuerpo que consideraban territorio de batalla y poder. Para ellos éramos esclavas, bienes de ellos para su uso y abuso, objetos de goce sexual”. 

ME SIRVE TU MIRADA, QUE ES GENEROSA Y FIRME

“Necesito destacar también que no solo el horror y el odio reinaban ahí. Sino que había también amor y solidaridad que emanaba de las manos de los y las compañeras secuestradas. Nos acompañábamos con acciones de resistencia. Con susurros, con prestarnos el poco abrigo que podíamos tener, con compartir un pedazo del mísero pan que nos traían. Esas cosas abrigaban el corazón partido y helado que teníamos en esos momentos”.

Y continúa:

“Yo tuve a mi hija en Devoto, donde me trasladaron desde el Vesubio. Siendo primeriza, las compañeras me enseñaron desde cómo respirar hasta cómo maternar a mi beba con mucho amor y solidaridad. Como ex presas políticas y sobrevivientes hoy continuamos unidas por un lazo fraternal, que nos abraza. Esto es prueba de que no pudieron destruirnos, de que no pudieron con nosotras”.

ME SIRVE LA MEDIDA DE TU VIDA

Hablar y contar el horror propio y ajeno. Lo vivido y atravesado. Porque hablar es empezar a sanar:

“Nos costó mucho hablar de los abusos, de las violaciones sexuales, probablemente para no lastimar a nuestros familiares. Ya desde que llegábamos al Vesubio, a las mujeres nos hacían desnudarnos, con los ojos tapados. Esa fue una de las primeras situaciones de abuso que yo viví. Las violaciones estaban destinadas a debilitarnos, a dañar nuestra subjetividad, a denigrarnos, a nosotras y a los compañeros tratando de mostrar muy patriarcalmente su ‘falta de hombría y cuidado’. Cuando pudimos comenzar a hablar esto, a contarlo en los juicios, para que se pudiera también tipificar, se demostró que formaban parte de un plan sistemático de un gobierno terrorista”.

es necesario que el sistema judicial, fundamentalmente liderado por hombres, tenga una perspectiva de géneros. Es destacable que fueron fiscales mujeres quienes comenzaron estas acciones para leerlo en esta clave

ME SIRVE TU FUTURO, QUE ES UN PRESENTE LIBRE… Y TU LUCHA DE SIEMPRE, SÍ ME SIRVE

“Las luchas de los colectivos feministas visibilizaron la desigualdad de géneros, como también las de la comunidad LGBTIQ+ y otros colectivos y disidencias. Éramos torturados con un ensañamiento mucho mayor, por eso la mayoría de estos compañeros están desaparecidos. Por eso es necesario que el sistema judicial, fundamentalmente liderado por hombres, tenga una perspectiva de géneros. Es destacable que fueron fiscales mujeres quienes comenzaron estas acciones para leerlo en esta clave”.

Miles de plazas en todo el país abrazan hoy a Nieves, como a tantas otras, como a tantxs otres. Un pañuelo blanco hoy lxs cobija para que no pase NUNCA MÁS. 

ME SIRVE TU SENDERO, COMPAÑERA.

¡POR LXS 30.400! ¡POR TODXS LXS SOBREVIVIENTES!

MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA PARA TODAS.

PARA TODES.

*Los subtítulos de esta nota corresponden al poema “Me sirve y no me sirve” de Mario Benedetti.