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Replantearse los propios privilegios es uno de los desafíos más complejos que plantean Diego, Pablo y Ariel en este artículo.  Ellos nos cuentan qué preguntas se abren para pensar y debatir cómo deconstruimos las masculinidades, tanto dentro del Sindicato como en las relaciones presentes en las Escuelas.

Lo decimos, lo pensamos, lo escuchamos, lo volvemos a repetir cada vez que la realidad nos golpea en la cara: el mundo necesita ser deshecho y hacerse de nuevo.

Vivimos en un mundo en el que prima una cultura patriarcal, machista, androcentrista, blanca, católica, cis y heterosexual. Por y a pesar de todo lo que es, este mundo se deconstruye y se reinventa en cada nuevo día, porque esto cada vez se hace más necesario.

¿Por dónde arrancamos?

Los compañeros docentes del SUTEBA arrancaron hablando, discutiendo, contando y compartiendo en una experiencia sindical de capacitación en masculinidades.

Tratamos de ir modificando y cuando hay un pequeño avance no hay que creer que ya está todo superado porque sería una mentira, porque el que tiene privilegios no quiere que se los quiten. Dejar los privilegios no es fácil, es un trabajo constante

Es cierto que las compañeras y las disidencias alumbraron el camino, lo sufrieron, lo marcaron a fuerza de lucha y militancia. Pero también es cierto que por el camino debemos pasar todos, todas y todes… Para poder llegar a algún lugar mejor que nos encuentre trabajando juntxs.

¿Vamos?

SER SOCIO DE ESTA SOCIEDAD

Diego García Rufino, Secretario Gremial del SUTEBA Hurlingham, plantea lo necesario que es empezar a dar el debate de las masculinidades, tanto dentro del Sindicato como en las relaciones presentes en las Escuelas.

Replantearse los propios privilegios, a partir de un debate profundo, es uno de los desafíos más próximos para Diego. Comenzaron con algunos de los interrogantes que fueron surgiendo en el primer encuentro: ¿Qué asociamos con la palabra masculinidad? ¿Cómo se relaciona la masculinidad hegemónica con la violencia de género? ¿Cuáles son los mandatos que seguimos sosteniendo aunque estén vetustos? ¿Qué podemos hacer para permitir, vivenciar y habilitar otros tipos de masculinidades, más libres y diversas?

Ser conscientes de los propios privilegios fue un factor común que destacaron nuestros entrevistados, pero también la mayoría de los varones presentes en el encuentro. Los micromachismos que se cuelan en las actitudes cotidianas hacia las mujeres y diversidades fueron un punto central para comenzar a deconstruir la propia práctica desde esta nueva perspectiva.

Ariel Valcarlos, Secretario General de Educación Física del SUTEBA, manifiesta: «No es un trabajo solo de varones, de los hombres, es un trabajo de la sociedad. La cultura patriarcal, machista, es de la sociedad, no de los varones. Es un trabajo que lleva mucha reflexión, en la cual todos tenemos para seguir mejorando siempre, a lo mejor algunos más que otros».

NENE DE ANTES

Martín Panciroli, Secretario General Adjunto del SUTEBA General Belgrano, destaca que este nuevo espacio de debates viene a dar respuestas a una deuda enorme: «Era fundamental, necesario y urgente que los espacios colectivos, todos los movimientos, empecemos a discutir las masculinidades, sobre todo la masculinidad normativa y hegemónica. Necesitamos empezar a discutir los lugares de privilegios que ocupamos dentro de nuestro espacio político y no acotar esta discusión».

ese es el desafío: primero, entendernos, ponernos en esa situación incómoda de sentirnos responsables, de sentirnos parte de un sistema que necesita de la violencia hacia las mujeres y disidencias para poder sostenerse. Cuando podamos reconocer ese lugar, desde ahí vamos a poder modificar algo

Poder pensar qué cosas están pasando en la sociedad, en los ambientes y en los lugares de trabajos es primordial para dejar de invisibilizar las desigualdades que estuvieron ocultas o acalladas.

Ariel, en relación a esto, plantea: «Es complejo, pero lo primero que debemos hacer es reconocer que hay una desigualdad, y en ese reconocimiento pensar cómo podemos hacer para construir un mundo mejor, que sea más igualitario. Porque si hay una desigualdad quiere decir que algunxs tienen privilegios sobre otrxs. Si esos privilegios no se reconocen no se pueden erradicar».

Diego, en la misma línea, sostiene que «la articulación es fundamental para poder trabajar las cuestiones de géneros desde una mirada transversal. Desde lo que hacemos día a día hasta el trabajo que se nuclea en las Secretarías Gremiales y de Géneros e Igualdad».

YA NO SÉ QUÉ HACER CONMIGO

«A uno le cuesta reconocerse como favorecido, como una persona que tiene privilegios sobre otras. Tratamos de ir modificando y cuando hay un pequeño avance no hay que creer que ya está todo superado porque sería una mentira, porque el que tiene privilegios no quiere que se los quiten. Dejar los privilegios no es fácil, es un trabajo constante», comparte Ariel y suma a la reflexión: «Hay algo que sabemos todos y todas lxs que peleamos por un mundo mejor: todxs lxs privilegiadxs se van a resistir a perder esos privilegios y este caso no va ser la excepción, lo cual lo hace complejo para uno mismo».

«Tenemos que reconocer que somos parte de un proceso político e ideológico de dominación masculina, que demanda del ejercicio de la violencia, física y simbólica, para poder perpetuarse. Corremos mucho riesgo si pensamos que porque damos la discusión en otros planos estamos más ‘adelantados’. Por más progresista, popular o de izquierda que pueda ser el espacio en el que militamos, no tenemos que creernos la falsa ilusión de que somos de avanzada o de que estamos más deconstruidos que otros varones. Reproducimos, muchas veces inconscientemente, prácticas machistas, micromachistas, con ciertas complicidades, quizás con un chiste, pero que aun así contribuyen a la reproducción de ese sistema patriarcal…

Por eso creo que ese es el desafío: primero, entendernos, ponernos en esa situación incómoda de sentirnos responsables, de sentirnos parte de un sistema que necesita de la violencia hacia las mujeres y disidencias para poder sostenerse. Cuando podamos reconocer ese lugar, desde ahí vamos a poder modificar algo», comparte Martín y nosotres aplaudimos, re-pensamos y aprendemos.

TODOS JUNTOS, COMO HERMANOS

«En lo laboral, en lo sindical, es más sencillo porque tenemos a las compañeras que nos están apuntalando permanentemente y te dejan cosas para estar pensando. Cuando no está esa mirada del otro o de la otra es más difícil cuestionar los propios privilegios. Y es muy difícil pensar que uno mismo lo tiene que combatir», comparte Ariel.

Es necesario tomar el machismo como una característica cultural pero no para naturalizarla e invisibilizarla, no para darla por sentado, sino para entender que es un producto social que se puede modificar y reconstruir

En relación a esto, Diego suma: «Dentro de las masculinidades tenemos que empezar a desmenuzar y comprender realmente nuestra mirada como hombres, como varones. Es necesario que acompañemos los procesos que fueron construyendo las mujeres y diversidades en todo este tiempo como parte del movimiento feminista y todo lo que ello conlleva. Lo patriarcal nos hace inevitablemente sujetos con privilegios, por eso creo que son necesarios estos espacios para poder discutir nuestras prácticas como varones».

Por su parte, Martín vuelve a poner el foco en su falta de certezas y en el camino que es necesario transitar. En esa búsqueda de nuevas formas, destaca lo primordial de un espacio «de varones» para seguir pensando y darse cuenta, reconocer sus privilegios; pero también sostiene lo importante de compartir otros espacios con compañeras y compañeres para escuchar y seguir aprendiendo.

OTRA VUELTA DE TUERCA MÁS

Es necesario tomar el machismo como una característica cultural pero no para naturalizarla e invisibilizarla, no para darla por sentado, sino para entender que es un producto social que se puede modificar y reconstruir.

Ariel reflexiona: «Fue necesario que irrumpa esta ola feminista, que avance, que vaya por delante. También creo que ahora es necesario el trabajo de toda la sociedad para poder plasmar esta realidad e ir modificando hábitos culturales. Hablar con otros hombres de este tema no es algo que surja naturalmente. A veces es difícil pararse a dar esos debates».

«Para mí el próximo paso, en un futuro cercano, es comenzar a trabajar en conjunto y poder unificar estos puntos; aunque este nuevo espacio es muy necesario para empezar a debatir», termina Diego.

Y para concluir, reflexionamos junto a Martín que dice: «Todos los espacios están atravesados por prácticas machistas y nosotros somos en menor o mayor medida parte de eso. Sí o sí la discusión debe ser colectiva, repensada hacia adentro, y sobre todo discutida por quienes nos auto-percibimos como varones».

¡AHÍ VAMOS!