NO TODO ESTÁ PERDIDO

Reportaje a Graciela Massa

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¿Cómo se ha vivido el tiempo de pandemia en la educación? ¿Qué ha significado para docentes, estudiantes y comunidades? 737 Territorio de Libertad,  que comenzó a transitar el espacio virtual a poco de iniciado el aislamiento social, ha tratado de ir reflejando las vivencias y experiencias que se van dando en las distintas realidades educativas de la provincia. En esta oportunidad entrevistamos a Graciela Massa, docente de Educación Especial, que se desempeña en uno de sus cargos como Maestra de ciclo complementario en la Escuela Primaria de Adultos 701 de la localidad de San Miguel del Monte, y le pedimos que comience contándonos sobre su escuela.

Graciela: En un aula de Adultos podemos tener un estudiante de 16 años, una persona de treinta y pico que quizás vino de otra provincia y por alguna particularidad no pudo estudiar su primaria, y  un estudiante de 75 años, que terminó su primaria y sin embargo sigue asistiendo a adultos por la compañía que ésta le significa. Porque en nuestra escuela no solo se enseña, se crean lazos afectivos, hay un acompañamiento. Por ejemplo un adulto mayor puede aprender a utilizar el celular para conectarse por una video llamada con su familia; o hay personas que quizás no tuvieron la oportunidad de tener una computadora cuando eran jóvenes y pueden sentarse a escribir o comenzar a usar las redes sociales para buscar a familiares que tienen lejos. También la escuela funciona en Hogares de ancianos y se mueve a diferentes puntos de la localidad en donde personas que no terminaron sus estudios primarios necesitan atención. Creo que los estudiantes sienten que se los valora como las personas que son. Además pasa mucho con la gente mayor que a veces se siente aislada o que no pertenece a determinado grupo o que no puede participar en la sociedad. Aquí no se sienten aislados. Estamos construyendo la participación ciudadana, que sean activos en su barrio, en una biblioteca popular. Por ejemplo se hace trabajo en red con el Centro Cultural de Monte donde algunos estudiantes hacen canto o danza.

Para muchos que están solos la escuela era su mundo, eran sus tres horas de charlar con gente, de hacer algo diferente; y de golpe eso se acabó. Si fue difícil para nosotros estar encerrados pero con nuestras familias, imaginémonos lo que es para una persona adulta que vive sola

737: ¿Qué sucedió cuando llegó la pandemia?

Graciela: Hubo muchas situaciones. Por un lado, no todos nuestros estudiantes tienen acceso a internet, a poder manejarse en una clase virtual.  A los que sí podían se les entregaba su tarea por los medios virtuales, a los que no, iba el docente a su casa -con barbijo, máscara, con todos los cuidados- y le llevaba el cuadernillo adaptado o actividades que  el docente preparaba para cada alumno. Para muchos que están solos la escuela era su mundo, eran sus tres horas de charlar con gente, de hacer algo diferente; y de golpe eso se acabó. Si fue difícil para nosotros estar encerrados pero con nuestras familias, imaginémonos lo que es para una persona adulta que vive sola. Empezaron también a aparecer necesidades económicas porque hay estudiantes que hacían changas o que trabajaban por su cuenta y estaba el miedo a salir y contagiarse. Fuimos charlando con el grupo de compañeras y con el equipo directivo y se empezaron a entregar los módulos de alimentos como se hacían en otras escuelas. Pero en un momento comenzamos a decir, ¿que tal si además del bolsón de alimentos llegamos con una comida elaborada, calentita, que es otra cosa?. Lo que surgió fue preparar, una vez a la semana, una vianda para llevarle a los estudiantes que lo necesitaban.

737: ¿Cómo organizaron esto?

Graciela: Yo soy la docente del ciclo complementario -con lo cual daba cocina y manualidades con material reciclado- así que estuve en la organización de esto. Lo hacía con otra compañera que pertenece a la Cooperadora y que en esos momentos no estaba trabajando pero venía solidariamente a participar; también con las auxiliares Una vez por semana preparábamos la vianda y después cada docente, en una hora determinada, venía y se la llevaba a sus alumnos. El primer menú que hice, recuerdo, fue alitas de pollo con arroz.  Cada docente traía un ingrediente, lo juntamos en la escuela, compramos las bandejas, papel film, y un miércoles compramos el pan y nos pusimos a cocinar. Comenzamos a repartir a casi 20 personas. Al ver la repercusión y el agradecimiento de los estudiantes el director lo subió a Facebook. Era la única  escuela que estaba cocinando para algunos de sus estudiantes. A raíz de lo bueno que tienen las redes sociales esto se empezó a difundir y mucha gente empezó a colaborar, también directivos de otras escuelas donde había sobrado algo. Un par de instituciones religiosas nos donaron alimentos secos y verduras  Esto hizo posible que todas las semanas pudiéramos entregar las viandas; llegamos a cocinar dos veces por semana. Cuando los docentes entregaban la vianda era también el momento de preguntarles cómo estaban, si necesitaban algo; muchas veces había lágrimas de por medio. Porque además de esos casi 20 alumnos para los cuales empezamos a cocinar, detrás de ellos teníamos las familias. Algunos tienen hijos, algunos mayores viven con sus hijos o sus nietos, entonces no era sólo la viandita para ellos. Recuerdo algo que por un lado regocija pero por el otro entristece. Una mamá le manda a un docente un mensajito que decía: “la comida estaba riquísima, yo alcancé a  probar un poquito porque mis nenas –tiene dos hijas pequeñas- se comieron casi todo”. Ahí yo le digo al docente: no, no va a ir una vianda, van a ir dos una para nuestra alumna y otras  para las nenas.

737: ¿Esto lo sostuvieron todo el año?

 Graciela: Sí, pero antes de las vacaciones de invierno llaman al Director del Consejo Escolar diciéndole que iban a proporcionar todo para que pudiéramos cocinar una vez por semana. A partir de ahí yo hacía un menú mensual con diferentes comidas -pastel de papas, arroz con albóndigas, pollo al horno…-,se lo pasaba a Consejo, me daban las órdenes y algún docente encargado y yo íbamos a retirar las cosas de la verdulería, de la carnicería, del mayorista. Esto fue el resto del año. Además de las cosas que hacíamos para  días especiales.

Uno se da cuenta en esta pandemia cómo se extrañó la escuela. Y cómo las familias revalorizaron la escuela como una institución que las acompaña (…) Aunque mucha gente diga que los valores cambiaron, hay valores que no cambian, como la empatía, la solidaridad con el otro. “Tengo poquito pero lo poquito que tengo lo reparto”.

737: ¿Días especiales?

Libro Lazos en pandemia (click para descargar)

Graciela: Por ejemplo, para el Día de la Bandera hicimos churros pero para todos los estudiantes. Hace unos años la Intendente de Monte nos otorgó un subsidio para comprar todos los materiales que necesitábamos para el ciclo complementario. Así que compramos un horno pizzero, una máquina con tres bocas para hacer churros, una freidora, bols, espátulas, palos de amasar… Ese día creo que hicimos 120 docenas de churros. También les entregamos a las instituciones y a los particulares que nos habían empezado a ayudar con mercaderías. Para el Día del Estudiante hicimos torta con chocolatada. Pusimos un paquete de harina cada uno y los huevos y la leche fue donada por Consejo Escolar. Les repartimos a todos los estudiantes un paquetito con torta y con la leche chocolatada. Y esto se hizo también a fin de año, donde a modo de cierre cocinamos budines y se los entregamos a todos con nuestra esperanza de volver a vernos este año. Para el Día del Maestro, con la compañera que hacemos las viandas hicimos masitas finas para todos nuestros compañeros. Las salimos a repartir con el director y fue sorpresa porque nadie sabía. Tenemos fotos de compañeros en pijama a las 9 de la mañana recibiendo el paquete de masitas. Es también mimarnos a nosotros mismos, entre compañeros. A fin de año el Director nos pidió que hiciéramos una crónica con las diferentes actividades que habíamos hecho. Hicimos un libro –Lazos en pandemia– que refleja todo lo que se hizo durante el año tratando de no perder el vínculo con ningún estudiante. Y creo que se logró. Lamentablemente tuvimos el fallecimiento de tres estudiantes a lo largo de la pandemia. Fue algo muy sentido porque eran estudiantes que vinieron desde siempre a la escuela, por esto del acompañamiento que para muchos tiene la escuela de adultos.

737: ¿Y cómo fue la respuesta entre los alumnos?

Graciela Massa

Graciela: Yo siempre estaba de adentro, cocinando. Un día una compañera me dice “acompañame a repartir”. Y terminé llorando. De la emoción. En estos casos uno se da cuenta cuánto le importás a los estudiantes. Que no solo vienen a la escuela a aprender, hay lazos afectivos que se crean. Uno se da cuenta en esta pandemia cómo se extrañó la escuela. Y cómo las familias revalorizaron la escuela como una institución que las acompaña. Ya sea niño, adolescente o adulto en la escuela se comparte, se construyen lazos afectivos, se aprende a respetar a otros y se enseñan valores. Aunque mucha gente diga que los valores cambiaron, hay valores que no cambian, como la empatía, la solidaridad con el otro. “Tengo poquito pero lo poquito que tengo lo reparto”. ¿Hay que vacunar?, se hace en la escuela; ¿hay que hacer una estadística?, sale de la escuela. Tenemos que revalorizar la escuela como una institución donde no solo se educa. Antes, siempre uno veía el afecto que los estudiantes demostraban por la escuela, pero lo que pasó en esta pandemia fue que nos dimos cuenta la importancia que tiene la escuela para ellos. Pudimos ver que los docentes no estamos trabajando en vano, no es que todo está perdido. Hace cinco años que estoy en la escuela de adultos, hemos hecho distintas actividades y los engranajes funcionan muy bien. Somos realmente un equipo. No solo entre equipo docente y directivo sino también con los auxiliares y miembros de Cooperadora. Creo que todos tenemos un pedacito de la escuela al hombro.

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