MEMORIA DE UNA ESPERANZA

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Agosto de 1996, se cumplían los primeros 10 años. En la Revista “La Educación en nuestras manos” se decía:

“La historia de nuestro Sindicato está en la memoria de cada uno de los que protagonizaron su construcción. Inscripta en cada uno de los lugares y las acciones donde fue haciéndose organización. Entrelazada con cada gesto y cada gesta de lucha que nuestro pueblo fue transitando en estos últimos 10 años. Memoria de trabajadores de la educación organizados construyendo junto al pueblo una esperanza: la escuela y el país que todos queremos, un lugar posible”.

Como parte de la construcción de esa memoria, La Educación en nuestras manos entrevistaba a Mary Sánchez, ineludible referencia en la historia de las luchas de los trabajadores de la educación.

CREER DE NUEVO, NO EN ALGUIEN, SINO EN NOSOTROS MISMOS – REPORTAJE A MARY SÁNCHEZ (fragmentos)

Por Héctor González

La Educación en nuestras manos: Tu decisión de ser maestra, ¿de dónde viene? 

Mary Sánchez: No podía ser otra cosa que maestra. Desde chica jugaba a la maestra, me gustaba mucho la escuela. Había también una fuerte influencia de mi familia en la valorización de la escuela, en el respeto al maestro. Era una tarea de valor social, eso es parte de mi formación desde chica. Pero no era solo el hecho de ser maestra, sino la maestra que se compromete. Quería ser maestra rural. En esa época -cuando estaba en la Escuela Normal- era parte del ideal de muchos docentes: enseñar a los chicos que más necesitaban, donde no había maestros ni escuelas. Todo eso fue parte de mi vida, como una marca.

LENM: ¿Dónde estudiaste?

MS: En el Normal de San Justo. Fui del tercer grupo de egresados. Hasta ese momento los que decidían estudiar iban al Normal 4, a la Capital Federal. Yo vivía en el mismo barrio que ahora, Lomas del Millón, que pertenece a Ramos Mejía. Éramos dos chicas nada más las que íbamos a seguir la escuela secundaria, y la discusión era si iba a ser mejor el título del Normal 4 o el de esta escuela, que era también una escuela nacional, pero como estaba en territorio provincial, para el imaginario popular era como de menor nivel. Mi madre, que siempre fue una mujer muy sensata, dijo: “las escuelas todas tienen valor, y nosotros no tenemos por qué gastar más para ir a Capital Federal”.

Muchos de los que fuimos compañeros hemos continuado en la vida en distintos ámbitos relacionados con la educación, algunos en funciones gubernamentales, otros en la UNESCO como el caso de (Juan Carlos) Tedesco. Fue de muy alto nivel y como son las cosas que recién se inician, con mucho compromiso de los alumnos, padres, profesores.

LENM: ¿Dónde empezaste a trabajar?

Mary Sanchez
Foto: Archivo Suteba

MS: Me recibí en el ´61. En el ´62 fui a trabajar a la Escuela 95, en el km 30 de la ruta 3- González Catán-, una escuela que llegó a tener cuatro turnos. Tiene hoy uno de los edificios más grandes. En la época que yo fui a trabajar éramos dos maestras y la directora. Tenía tres grados en una casilla de madera. Después fui a una escuela mucho más lejos, en el barrio de La Loma y más adelante en la última escuela de La Matanza, la 88, en el km 47, “más allá de la Mercedes Benz”, como decíamos en la ruta. Trabajé muchos años en toda esa zona, casi la mayoría de mi carrera. Se cumplía un poco lo de ser maestra de campo.

LENM: De esa etapa, ¿qué fuiste recogiendo?

MS: Lo primero era lo que creo que sigue siendo parte de lo que sienten los educadores a lo largo y ancho del país, en ese momento quizás con más alegría y convicción: que uno servía para un país y para la comunidad en su conjunto. Que eso era parte del compromiso, de la tarea nuestra. Organizar -en horas extras, en fines de semana- fiestas para comprar cosas que no había en la escuela, la familia haciéndote pastelitos, o salir por tu barrio a juntar ropa para los chicos…Cosas para ir haciendo un poco mejor el lugar donde estabas enseñando.

Me pasó –creo que a muchos docentes nos ha pasado- con  el chico más desprotegido, con conflictos en la familia, el intentar llevarlo a mi casa. Si mi madre me hubiera hecho caso tendría varios hermanos adoptivos. Una de las cosas que fui viendo era que los problemas no se resolvían de a uno, pero que igual uno tenía que estar sobre esas situaciones, siempre tratando de ser más un actor social. No era lo que habíamos aprendido en el Normal de cómo se construyen las escuelas. En esos lugares aprendí que la comunidad quiere a su escuela, la valoriza y siempre trata de colaborar. Y que tenemos que respetar la cultura del lugar a donde uno va.

Yo salía a caminar con los chicos, era el maestro que le gustaba dar clase fuera del aula, leer poesías abajo de un árbol. Un día hago una de estas actividades, iba caminando, y veo vacas. Claro, yo de una familia española, tenía la imagen de las corridas de toros, de las figuritas, no había advertido que las vacas tienen cuernos como los toros. Al ver tan cerca estos animales, digo:

Ay chicos, cuidado que viene un toro.

Y una de mis alumnas que era italiana me dice:

Ma, señorita ¿no ve la teta que tiene? ¡¿Qué toro?!

Mary Sanchez
Foto: Archivo Suteba

LENM: ¿Cómo comienza tu preocupación por lo gremial?

MS: Te diré que junto con la realidad. El año que comencé a trabajar los suplentes estuvimos seis meses sin cobrar. Me tocó aprender que no éramos lo mismo que los titulares. Esta concepción era tanto del Ministerio de Educación como hasta de los propios docentes titulares, y lo que era peor -después me dí cuenta- de la propia organización que debía defender a los docentes, que en esa época era la Federación Sarmiento. Hasta el ´76, en que fue un logro de la lucha docente, el suplente siempre cobraba dos, tres meses después de su designación. Tu familia tenía que solventar esos tres meses. Pero ese año fueron seis meses sin percibir salarios.

Como mi padre, empleado de comercio, siempre fue delegado, parte de mi formación también tuvo que ver con los derechos de los trabajadores. Lo primero que empecé a pensar fue por qué no nos pagaban. Además tenía el recuerdo, estando en el Normal, del paro tan grande del año ´58, que habían hechos los docentes bonaerenses. Ahí empezó mi inquietud por conocer el Estatuto, los derechos, por qué pasaba esto. Coincide con una convocatoria que se recibe en la escuela de la Unión de Educadores de La Matanza, que convoca a una reunión en una escuela parroquial, porque la Comisión Directiva estaba acéfala, y para ver algunos puntos, entre otros el atraso del pago de los suplentes. Fui a esa reunión. Cuando piden quién se ofrece, levanto la mano y paso a integrar la subcomisión de suplentes para poder llevar a cabo la lucha para que nos paguen. Y desde entonces hasta ahora no paré.

LENM: El 31 de agosto se cumplen 10 años de la conformación del SUTEBA. Vos fuiste una de las protagonizaron el proceso que desembocó en la creación del Sindicato y su primera Secretaria General. ¿Cómo viviste toda esa etapa?

MS: La necesidad de modificar cosas, de entender, de ver por qué los gobiernos utilizan como una correa de transmisión a los educadores, de darte la cabeza contra las paredes no entendiendo por qué, te hace aprender.

Cuando entro a la subcomisión de suplentes en la Unión de Educadores de La Matanza asocio que esta organización surgió por el gran paro docente del ´58. De esa lucha surge el Estatuto del Docente de la Pcia de Bs As, que me pongo a estudiar. En la Escuela Normal no se enseñaba el Estatuto de la Pcia porque las escuelas normales eran nacionales. Quienes poseían el conocimiento de la reglamentación en las escuelas era la jerarquía de la educación. Dentro de eso fui aprendiendo a conocer a la Federación Sarmiento. A darme cuenta que, si bien había surgido con esa fuerza, se fue convirtiendo en una especie de apéndice del Ministerio de Educación. Estoy generalizando, por supuesto, pero era como el complemento de lo que no hacia bien el  gobierno. Era la resignación permanente a las pautas que se bajaban, sin ver la fortaleza que se podía tener como educador para modificar la realidad de la educación; no consideraba a los gobiernos como empleadores; vernos como funcionarios públicos en la escala de ascenso, que no permite modificar las situaciones que todos consideran injustas; defender la cadena de mandos.

Pasó mucho tiempo antes de entender por qué en una reunión todos teníamos el mismo lenguaje, pero luego algunos poseían información y lograban, en tribunales, ascensos, y cómo se iban cooptando distintos niveles del ministerio con cualquier tipo de gobierno que estuviese.

En ese ideal de hacer las cosas, de llevarlas adelante, no sólo descubrí a otros docentes en la provincia, sino que a finales de los ´60 me enteré que había otras organizaciones gremiales en otros lugares del país. Que existía un Acuerdo de Nucleamientos Docentes que proponían un paro en plena dictadura militar, frente a la reforma educativa -muy parecida a la actual- que el gobierno de Onganía quería llevar adelante. Que en otras provincias tenían sindicatos únicos, sin diferencia entre los de primaria y secundaria. Que tenían personería gremial, que tenían cosas más parecidas a la fortaleza de otras organizaciones gremiales. Y que veían la necesidad de la unidad docente del todo el país. La Federación Sarmiento jamás integró ninguna organización que nucleara al conjunto de los docentes argentinos orgánicamente. Sí en comisiones de coordinación, pero no de unidad de conjunto.

Comienza a plantearse la necesidad no sólo de tener una organización en la provincia de Bs As, sino en relación a la unidad de la docencia argentina. Organizaciones sindicales de Tucumán, Jujuy, Córdoba, la propia Santa Fe, tuvieron un gran desarrollo y ligazón con las organizaciones gremiales de sus lugares, en la lucha contra la dictadura militar. Frente a la reforma que intentaba implementar Onganía, lo primero que dijo la Federación Sarmiento es que lo apoyaba. No me voy a olvidar nunca, yo creí que era buena hasta que me llegan otros elementos. Y ahí comienza una lucha en mi cabeza y en la realidad, de buscar otras referencias. No éramos muchos. Empezó Matanza, pero después fueron veinte distritos del Gran Bs As en un lapso de dos años los que enfrentamos a esa conducción. Vimos que al interior de ella misma era imposible modificarlo, porque estaban hechos los estatutos para que no hubiese una relación directa entre cantidad de docentes y representación en el congreso; que siempre la conducción iba a poder hacer lo que quisiera, que no funcionaba democráticamente. Entonces nosotros íbamos adhiriendo a las cosas que hacían otros docentes del país, y cada vez había más distritos que hacían esto, hasta llegar a un paro nacional que la Federación Sarmiento no llevó a cabo, y que nosotros sí hicimos, por lo cual la Federación nos expulsa, a Matanza y a otros distritos, y otros más se retiran.

MAry Sanchez
Foto: Archivo SUTEBA

En forma separada ingresamos en el ´73 a CTERA. Y ya desde entonces hay una discusión. Un sector decía que había que recuperar la Federación Sarmiento y otros decíamos que había que hacer otra organización sindical, para que tuviese un peso provincial, y que esto hiciera posible transformar la situación bonaerense y estar más cerca de este proceso nacional.

Viene el golpe de Estado, yo soy dejada cesante con otros compañeros. Otros compañeros son desaparecidos, los sindicatos se cierran, con excepción de algunos que los mantenemos abiertos a pesar de las cesantías. La Federación Sarmiento siguió teniendo cargos en la época de la dictadura, se le dió por ejemplo, representación en la obra social, mientras otros estábamos en las condiciones que te estoy señalando. En la recuperación de la democracia ese debate, dejado trunco en el año ´76 por el golpe, es retomado, más que como debate como acción directa y concreta, porque se recupera la historia y lo nuevo de los nuevos docentes.

En el año ´86 seguía el debate pero ya éramos muchos más los que pensábamos que había que hacer otro sindicato. En un momento en que había esperanza de hacer cosas nuevas, la reciente recuperación de la democracia, la CTERA comenzando a reorganizarse (en el 85 había elegido a su nueva conducción, yo era la Secretaria Administrativa de la Junta Ejecutiva por el sector de la minoría). Comenzó la lucha por hacer un sindicato en la pcia de Bs As, teníamos la suficiente fuerza para incidir. Y así se constituyó el SUTEBA. Esto no sólo cambió la historia en la provincia, sino la de la CTERA.