Cantar para contar lo que le pasa a nuestro pueblo

595

Este artículo fue escrito antes de la pandemia mundial por el COVID-19. Te invitamos a leerlo sabiendo esto y dejando un ratito de lado la realidad que estamos atravesando. ¡Seguimos en contacto por nuestras redes!

Reportaje a Chiqui Ledesma

¿Quién es Chiqui?

Nací a fines de 1973, en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, en una familia sencilla: mi papá metalúrgico, mi mamá ama de casa, dos hermanos mayores. Me pusieron María de los Angeles pero todos me dicen “Chiqui”. Mi papá era obrero, pero siempre le gustó el arte; tuvo la posibilidad de hacer la escuela en la época de Perón, así que fue muy agradecido con la educación estatal y defensor de la posibilidad de que todos los niños pudiesen acceder a ella. Siempre tuvo una mirada muy solidaria. En la época de la dictadura se juntó con un grupo de amigos artistas, teatreros, poetas, fotógrafos y lograron que la municipalidad les diera la única biblioteca popular de Venado Tuerto, la Bautista Alberdi, que estaba cerrada. Empezaron a recuperar y a conseguir libros, pero también lograron hacer un espacio cultural donde muchos de los artistas prohibidos por la dictadura, a puertas cerradas, iban a hacer sus espectáculos. En un momento más que complicado para el artista que no podía decir lo que tenía que decir con relación a lo que estaba pasando, esa biblioteca fue un refugio para muchos de ellos. Armando Tejada Gómez dió allí el último concierto de poesía antes del exilio. En mi casa paraban todos estos personajes; yo me crié entre ellos y con discos de Mercedes Sosa, Los Trovadores, Alberto Cortez, Piazzola y de otras músicas argentinas. Nadie me impuso nada, eso estaba, ese compromiso de mis viejos con el otro, con la cultura, con la educación, con los libros. Creo que ahí nació esta mirada de la vida que yo tengo.

¿Cómo llegaste a la música?

Mis viejos nos mandaron a todos los talleres municipales: pintura, teatro, música… Los tres hermanos nos inclinamos por la música y teníamos un trío con el que hacíamos canciones de raíz folklórica, algunas cosas de Silvio Rodrígez. Así fue mi infancia en Venado Tuerto, rodeada de gente hermosa y comprometida. Por eso yo, cuando elijo cantar, elijo ese caminito que marcaron en los 70 el nuevo cancionero con Mercedes Sosa y Tito Francia, donde hablaban de la canción con fundamento; de cantar no solo por tener una voz bonita, sino por decir algo, cantar para contar lo que le pasa a nuestro pueblo.

¿Y tu formación ya de manera más profesional?

Chiqui Ledesma

En Venado, tuve un gran maestro, don Raúl Agusti, que era egresado del Conservatorio de Santa Fé. Empecé a estudiar con él a los 12 años, y tuvo la paciencia y la didáctica de meterme en ese camino apasionado que es el de la música clásica. El me sugirió que siguiera estudiando en la Universidad de Rosario, así que me fui a estudiar canto lírico. Allí estuve en el Centro de Estudiantes e hicimos los primeros festivales de música popular. Después me vine a estudiar a Buenos Aires, en el Conservatorio Manuel de Falla. Seguí con la carrera lírica, pero me enteré que había una escuela, la primera en Latinoamérica que era de música popular, y era estatal, la de Avellaneda. Empecé a estudiar allí también, hacía las dos. Ahí conocí a los chicos de Cosecha, a mis compañeros con losJeus Aldo sosa que hace 29 años tocamos juntos. Yo me formé en la educación pública y siempre he tenido grandes maestros que me ayudaron a tomar decisiones importantes en mi vida.

Finalmente te orientaste al folklore…

Sí, me encantaba la lírica, pero yo quería hacer otras cosas que no tenían que ver con la ópera. Fue una gran escuela de aprendizaje pero lo que yo quería decir en el escenario me lo daba la poética de los autores latinoamericanos. Para mí la palabra dentro de la canción es fundamental. La palabra es transformadora. Y esa es un poco mi misión como docente hoy en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, poder transmitirle a los chicos que los artistas populares somos comunicadores de la palabra de nuestros pueblos. Nuestro rol social es muy importante; uno puede decir algo muy duro pero con el arte eso te atraviesa desde otro lugar que desde un discurso político.

¿Cómo percibís la recepción de tu canto en un público tan atravesado hoy por influencias o colonizaciones musicales?

Es verdad que estamos viviendo un momento de intento de vaciamiento de la cultura y de la educación. Pero no lo logran porque tenemos un pueblo que piensa, actúa, sale a la calle y consume cultura. Sin embargo no es casual que haya tanto vaciamiento en los medios de comunicación con relación el arte; no se escucha tango, no se escucha folclore, y lo que se ve en los festivales no es lo más representativo de los grandes poetas y músicos argentinos. Hay un abanico de artistas y músicos en toda Latinoamérica que seguimos apostando a la palabra, a la música, a la construcción del pensamiento nacional y popular, a nuestras raíces, a nuestros sentires. En esto tienen mucho que ver las escuelas de arte, como la de Música Popular. Allí se escucha al Cuchi Leguizamón, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Liliana Herrero y a todas las nuevas corrientes, que no son masivas pero son artistas que se estudian: Ramiro González, Ana Robles, Jose Luis Aguirre, Coqui Ortiz, Carlos Aguirre y muchos otros. Nosotros no somos masivos porque no entramos dentro de lo que es el circuito comercial que las políticas culturales apoyan. Pero tenemos nuestro público que son los estudiantes de música, los docentes, la gente que quiere escuchar otra cosa, que quiere pensar qué es lo que está  pasando y busca otro tipo de arte.

¿Qué sentido le das a tu canto, al repertorio que elegís, en este contexto tan duro que hoy estamos atravesando en Latinoamérica?Jeus Aldo sosa

Creo que en los artistas que tomamos la palabra desde este lugar siempre está la esperanza de la gente que nos marcó el camino. A mí me llena de tristeza la gente con hambre, la pobreza, la miseria, pero eso me da fuerza para subir a cantar qué es lo que pasa. Para accionar desde ese lugar, como también para sentarme en el aula y hablar con los pibes, para que abran los ojos, para que elijan qué hacer, para estar en los lugares donde hay que estar. Este año, con Cosecha, hemos hecho pocos recitales nuestros porque hemos estado participando en un montón de movidas que tienen que ver con centros culturales des-financiados, con escuelas, con grupos que hacen actividades con los pibes del barrio, o le dan de comer a los chicos, con cuestiones en las hay que estar. Yo tengo el mayor ejemplo y el mayor honor que es estar militando y acompañando a las Madres de Plaza de Mayo en el Espacio Cultural EcuNHi, en la ex ESMA. Las vemos a ellas, con 90 años, estar todo el tiempo pendientes de qué esta pasando con la gente y estar ayudando a la gente, que uno no puede bajar los brazos. Si todos tuviéramos esa actitud, esta patria nuestra estaría un poco mejor.