MEDICAMENTOS Y SOBERANÍA

Entrevista con Clarisa Marchetti

900

¿Qué intereses hay alrededor de los medicamentos? ¿Es posible la producción pública de medicamentos? ¿Cómo lograr soberanía? Para abordar estos interrogantes, 737 charló con Clarisa Marchetti, médica y docente de Fármaco-Vigilancia en la Facultad de Medicina de la UBA, quien actualmente se encuentra asesorando en la producción pública de medicamentos en los laboratorios públicos de la Provincia de Buenos Aires.

737: Empecemos por saber algo que quizás muchos damos por obvio, ¿qué es un medicamento?

Clarisa Marchetti: Un medicamento es una molécula que tiene como fin una acción terapéutica o paliativa de los síntomas de una enfermedad. Terapéutica, porque puede curar -como un antibiótico lo hace con una infección bacteriana- o paliativa como quitar el dolor -pero no la causa del dolor- como un analgésico. Y están las nuevas terapias génicas, o de medicina de precisión, que son dirigidas específicamente a un gen, por ejemplo, un gen que produce una enzima o una proteína, para que vuelva a producir esa proteína. Esto sería un medicamento, y hay que diferenciarlo de lo que es un medicamento de venta libre y de los suplementos dietarios; esa diferenciación la hacen las regulaciones, y esas regulaciones las hacen las agencias reguladoras, en nuestro país la ANMAT.

Estas agencias regulan tres cosas: calidad, seguridad y eficacia; no precios, que es una cosa importante. Regulan si hay algún efecto adverso es la seguridad, que efectivamente bajen la presión cuando dicen que son medicamentos para bajar la presión, esa sería la eficacia; que sean seguros, que no te caigan mal; y que sean de calidad, es decir que no tengan algún componente que no sea con lo que se tiene que fabricar. Eso es lo que regula la ANMAT dentro del Ministerio Salud. Los precios van por otro lado. En Argentina no hay una regulación de precios clara y transparente. En otros países hay mucha regulación de precios, en Inglaterra por ejemplo. El medicamento es un bien comercial porque entra dentro de las transacciones económicas –como los celulares, los jeans, las zapatillas- por eso hay una regulación para su registro, su eficacia, su seguridad y su calidad. Pero desde nuestro punto de vista es un bien social y como bien social no puede estar bajo las reglas del mercado. Es importante entender esta diferencia. Porque si no, el dueño de la patente -como en el caso de los dueños de los teléfonos celulares, de los jeans, de las zapatillas- le ponen el precio; las marcas norteamericanas, chinas, noruegas, etc, le ponen el precio. El mercado de los medicamentos -es horrible decir mercado, pero es la palabra que se usa- tendría que estar más regulado. Hay que elaborar más herramientas de regulación y políticas públicas que hagan que los medicamentos no lleguen a estos precios altos que desfinancian a la salud.

El medicamento, desde nuestro punto de vista es un bien social y como bien social no puede estar bajo las reglas del mercado. Es importante entender esta diferencia. Porque si no, el dueño de la patente le ponen el precio

737: Efectivamente el precio ha aumentado mucho, y ni que hablar de aquellos que necesitan los pacientes que tienen enfermedades poco frecuentes, ¿no?

Clarisa Marchetti: Antes se llamaban medicamentos de alto costo, pero ya hemos logrado que la gente los nombre como medicamento de alto precio. Es una batalla cultural porque “de alto costo” lo llamaba la industria privada, multinacional; ya en nuestro Ministerio de Salud de la Nación hay una Dirección de Medicamentos de Alto Precio. Generalmente estos medicamentos de alto precio son medicamentos con patentes en manos de fondos farmacéuticos. Los grandes laboratorios ya no son como en el siglo pasado y como los que nosotros conocemos en Argentina donde tenemos una industria nacional fuerte y de calidad, los laboratorios internacionales empezaron con una farmacia familiar y después terminaron siendo conglomerados. Ahora la gran industria farmacéutica está a cargo de fondos de inversión que buscan una rentabilidad extraordinaria y lo que hacen es ir a las universidades, les compran a los investigadores universitarios la patente y después venden a precios exorbitantes y abusivos. Por eso necesitamos sumar e integrar políticas públicas que fomenten la entrada de más jugadores: la industria nacional, la multinacional y la producción pública de medicamentos; empezar a repartir un poco la torta.

737: ¿Cómo hacer para desarrollar la producción pública de medicamentos?

Clarisa: Obviamente la producción pública tiene que hacer medicamentos que no tengan patentes, los que se llaman genéricos. El origen de las patentes nace de la Organización Mundial de Comercio en la década de los 80 y 90 y se perfecciona cuando todo el movimiento geopolítico del neoliberalismo logra ir poniendo patentes en todos los bienes. Al punto que quisieron patentar semillas, es decir no solamente es la salud y los medicamentos lo que está en su mira sino también la alimentación. Es útil recordar el caso de la polio, esa enfermedad de la década del 50. Cuentan que le preguntaron a Salk, uno de los inventores de la vacuna: “¿Ud. la va a patentar?”; él miró hacia arriba y dijo: “Es como patentar el sol, no, no la voy a patentar, es de la humanidad”. Y por eso hay poca gente con secuelas de polio porque, por la vacuna, generacionalmente se extinguió. Otro ejemplo de algo que no se patentó es el de Milstein. En la década del 60, echado de la Universidad por la dictadura de Onganía, se va del país y descubre los anticuerpos monoclonales, que no los patenta. La industria farmacéutica va patentando las variaciones del anticuerpo monoclonal que él inventó, pero Milstein dijo lo mismo, “es patrimonio universal”. Hoy la OMC da la patente por 20 años, a veces le cambian un poquito, le hacen un maquillaje y le dan 10 ó 20 años más, entonces nunca se convierte en un genérico. En la producción publica, podemos lograr producir genéricos. Podríamos licenciar una patente comercial de algún medicamento y de esta manera producir, pero obviamente a los dueños de la patente les interesa producir ellos, o manejar a ese producto para poner el precio que les permita una rentabilidad extraordinaria.

El mercado de los medicamentos -es horrible decir mercado, pero es la palabra que se usa- tendría que estar más regulado. Hay que elaborar más herramientas de regulación y políticas públicas que hagan que los medicamentos no lleguen a estos precios altos que desfinancian a la salud

En el 2014 se creó y se empezó a reglamentar la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos -ANLAP, que depende del Ministerio de Salud y que agrupa a 42 laboratorios provinciales o municipales. En la gestión anterior no se hizo casi nada o muy poco; ahora en la gestión actual se está poniendo en valor. Esta agencia lleva adelante programas dentro de una Política Nacional de Medicamentos; una política pública es la producción pública de medicamentos. La ANLAP orienta, financia y planifica para que esos laboratorios no se superpongan y que produzcan de acuerdo a necesidades que tenemos en este país. Se los está fortaleciendo y entonces los laboratorios públicos van a entrar al mercado de medicamentos. Son un jugador más, entran con el medicamento como un bien común, como un bien social; no buscan una ganancia extraordinaria, aunque por supuesto que tiene que haber una ganancia para que se pueda reinvertir en máquinas, tecnologías y capacitación. Entonces se llega a un precio justo: que pueda ganar el productor y que sea justo para el que tiene que comprar/financiar, que son las obras sociales provinciales y nacionales, la seguridad social en general, la salud pública. Porque en definitiva, cuando hay un precio abusivo lo pagamos todos, porque estamos en un sistema solidario. Entonces, la irrupción de un medicamento de producción pública haría que los precios bajen, porque los otros, para no perder competencia, o lo bajan o no lo siguen aumentando. No es que le vamos a sacar puestos de trabajo a la industria nacional o multinacional, a la multinacional menos porque ellos son los dueños de las patentes. La idea es tener una herramienta más, un mecanismo para bajar los precios; otro mecanismo es la soberanía científica y la soberanía sanitaria. Tener un pueblo independiente, libre, que pueda elegir; eso es lo que nosotros buscamos con soberanía.

737: ¿En qué estado de desarrollo está esta herramienta?

Clarisa: Vamos a que la producción pública de medicamentos acompañe el desarrollo de nuestros científicos del Conicet, que es un instituto nacional donde están todas las Universidades Nacionales; los investigadores son del Conicet o son investigadores de la Universidad. Ellos tienen proyectos de investigación que podrían llegar a ser terapéuticos. Por ejemplo hay cinco lugares -la Universidad de La Plata, la UNSAM, la de Córdoba, la del Litoral y el Leloir- donde los científicos están desarrollando vacunas. Ahora están en la etapa pre clínica, no están haciendo ensayos en personas sino en animales, y que después van a ser patentados para nuestro territorio y van a comenzar a comercializarse con un precio justo. Tenemos excelentes investigadores, a los que le damos la posibilidad de que, cuando terminen su tesis de investigación, puedan hacer el escalamiento productivo y que eso se comercialice. Es el sueño de un investigador, que su trabajo de años pueda hacerse realidad con un medicamento, una terapia o un diagnóstico. Porque la producción pública no solamente hace medicamentos, hacen kits diagnósticos y toda una serie de estudios. Todo esto favorece a que en lo que se llama el complejo medico industrial se expanda, crezca la fuerza laboral. Porque los públicos se asocian con los privados, las pymes, que van a proveer las botellitas, las cajitas, otros insumos. Entonces la producción pública de medicamentos tiene también un impacto económico.

La idea es tener una herramienta más, un mecanismo para bajar los precios; otro mecanismo es la soberanía científica y la soberanía sanitaria. Tener un pueblo independiente, libre, que pueda elegir; eso es lo que nosotros buscamos con soberanía.

737: A veces se escucha, en relación a los medicamentos genéricos, cosas como: “¿qué me están dando? ¿Va a bajar la presión, va a bajar la glucosa?”

Clarisa: La industria farmacéutica hace propaganda subliminal cuando te dice que los medicamentos de su marca “son de calidad”. A partir de la Ley de Medicamentos Genéricos que hizo Ginés García en 2002 difundieron que “no son buenos”, “son de mala calidad”, etc. La ANMAT aprueba medicamentos de calidad, los genéricos están regulados de la misma manera que están regulados los otros. Lo que pasa es que hay intereses económicos que logran que la gente empiece a dudar. Si son medicamentos aprobados por nuestra agencia son medicamentos seguros, eficaces y de calidad, y encima fueron producidos en nuestro territorio, por nuestra gente. Además van a tener un precio justo, con lo cual ese dinero, en vez de gastarse en precios excesivos, se puede gastar para hacer prevención. Podemos empezar a hacer colonoscopías para prevenir Cáncer de colon, en vez de estar pagando excesivamente un medicamento. Por eso hay que fomentar y apoyar la producción pública de medicamentos. Ese es nuestro proyecto y lo estamos llevando a cabo. Estos proyectos son a largo plazo porque no es algo que se va a ver este año, ni el próximo; pero el otro vamos a poder decir “este medicamento salió de la Provincia de Bs. As.” Hay mucha materia gris de nuestros científicos y nuestros investigadores. Los que están haciendo las vacunas están haciendo unas cosas  geniales. Ahora salieron a hacer vacunas pero tienen en la gatera un montón de cosas. ¿Dónde se van a producir? Por esto es importante que tengamos fabricas públicas.

Clarisa Marchetti. Médica, especialista en Políticas de Medicamentos. Docente en Fármaco-vigilancia. Asesora Médica en la producción pública de medicamentos, Ministerio de Salud PBA. Integrante del Comité Científico de CEPROFAR (Centro de Profesionales Farmacéuticos)