MERCANTILIZACIÓN EDUCATIVA EN AMÉRICA LATINA: LUCHAS Y DESAFÍOS

Entrevista con Eduardo Pereyra

1967

En el marco de la conmemoración del natalicio de Paulo Freire, Siete3Siete conversa con Eduardo Pereyra, Secretario de Relaciones Internacionales de CTERA, acerca de las tendencias mercantilizadoras de la Educación en el mundo y especialmente América Latina, en el actual contexto de pandemia.

737: ¿Cuál es el panorama de la educación en el mundo a partir de la situación provocada por la pandemia?

Eduardo Pereyra: De un día para el otro y por primera vez en la historia de la educación, 1500 millones de estudiantes y 63 millones de docentes en todo el mundo tuvieron que pasar a dar clases de manera virtual. Eso no existía, salvo en sectores empresariales o en algunas universidades. Sí existen, sobre todo en África, empresas transnacionales de educación que habían logrado penetrar en las escuelas debido a la debilidad de sus Estados. En Liberia, por ejemplo, una empresa de educación privada llamada Bridge, una de las más grandes a nivel mundial, instaló lo que ellos llaman “escuelas de bajo costo”. Están a cargo de personas -que no son docentes- a quienes se les paga la mitad del salario que se le pagaría a un/a docente, y trabajan en base a una Tablet que les proporciona la empresa. Allí tienen formateada la clase del día y esa persona va transmitiendo los contenidos y actividades que contiene este dispositivo. Una vez finalizado el trabajo, se conecta automáticamente con la central, en el caso de Bridge con EEUU, y allí resuelven dudas o preguntas formuladas por las y los estudiantes que no se han podido responder. Aunque esto para nosotros parezca muy raro, está ocurriendo. Es decir, en lugares donde el Estado no puede hacerse cargo de la educación, son estas empresas quienes, con un cobro muy bajo, pero con inversión mínima, “gestionan” la educación en esos países.

En Argentina, el macrismo, de una u otra manera, intentó incorporar algo de esta idea de que la totalidad del conocimiento –la información, ellos lo llaman así- está por fuera del docente, en internet, Google, YouTube, etc. Lo que necesitamos no son docentes -que implica muchos recursos de formación, determinado salario porque es un profesional, condiciones de trabajo, etc.- sino “vehiculizadores”: entre esa información que está afuera y el estudiante que requiere que le sinteticemos qué información va a ser válida para su empleabilidad. El ensayo de María Eugenia Vidal de incorporar, en la huelga docente de 2017, “voluntarios” para dar clases, tenía que ver con esa concepción, de que cualquiera puede oficiar de mediador/a entre la “información” que brindan las tecnologías y la forma de apropiarse de ella en las escuelas.

737: ¿Qué está pasando en América Latina?

Eduardo: Se produjo una inesperada alteración de los sistemas educativos a nivel mundial, que implicó que el cuidado de la vida nos aleje de las instituciones y, por lo tanto, la virtualidad cobró una significativa relevancia. Hubo distintas situaciones en la región, que estaba en un momento de crisis económica. Si la pandemia hubiera sucedido en los primeros años del siglo XXI donde en la mayoría de los países de la región teníamos gobiernos progresistas, con Estados fuertes y expansión económica, hubiésemos estado en otro proceso para afrontarla. Pero nos sorprendió en medio de una crisis producto de gobiernos neoliberales que, de unos años a esta parte, volvieron a propagarse en muchos de nuestros países. Hubo un grupo de países donde se redujo el presupuesto educativo, con la excusa de que se debían destinar recursos a atender las prioridades en torno a la pandemia, y además no se otorgó ningún tipo de subsidio para hacer que las y los estudiantes pudieran tener acceso a algún tipo de educación virtual. Ahí podemos encontrar a países como Brasil, Chile, Costa Rica, Panamá, Paraguay e incluso Uruguay que, habiendo sido un país que históricamente no redujo presupuestos educativos, bajo el actual gobierno de corte neoliberal procedió de la misma manera. Después tenemos países como Honduras y Perú, donde no se redujo el presupuesto, pero tampoco otorgaron subsidios especiales para educación. República Dominicana y El Salvador no redujeron el presupuesto e implementaron subsidios especiales para educación. Hay un cuarto grupo, integrado por un solo país, que incrementó el presupuesto respecto de años anteriores y además implementó subsidios especiales para educación: la Argentina.

Hubo un grupo de países donde se redujo el presupuesto educativo, con la excusa de que se debían destinar recursos a atender las prioridades en torno a la pandemia, y además no se otorgó ningún tipo de subsidio para hacer que las y los estudiantes pudieran tener acceso a algún tipo de educación virtual. Ahí podemos encontrar a países como Brasil, Chile, Costa Rica, Panamá, Paraguay e incluso Uruguay

Una de las tendencias comunes es que los Ministerios de Educación apelaron, en la mayoría de estos países, a lo que “tuvieron más a mano”: las empresas dijeron “tenemos esto preparado” y lo tomaron muy gustosos. Obviamente, con el Banco Mundial y el BID atrás, con sus “recomendaciones” para que los Estados establezcan acuerdos con el sector privado y facilitando canales muy aceitados para hacer alianzas con Fundaciones y ONG que, en su gran mayoría, están financiadas por grandes empresas privadas. En Argentina tenemos unas cuantas, por ejemplo, “Argentinos por la educación”, a quien el Ministerio de Educación Nacional anterior le había dado el manejo de toda la información del Ministerio. Y sabemos que la información es poder. O muchas Fundaciones que habían tomado a su cargo los espacios de capacitación y formación docente, como ocurrió en la Prov. de Buenos Aires.

737: ¿Cómo queda la escuela pública y lxs docentes en este contexto?

Eduardo: Tenemos una ventana de oportunidad. Porque se tuvo que reconocer, por las dificultades que significó la virtualidad, que al final de cuentas la Educación Pública y los docentes son imprescindibles. Es más, en todos los países hubo fuerte presión de las empresas para que los chicos y las chicas volvieran rápidamente a las escuelas, porque necesitaban a la madre o al padre, volviendo al trabajo para sostener su rentabilidad. Es imperativo que los Estados incrementen los presupuestos educativos para generar políticas y programas que vuelvan a incluir a los miles de chicos y chicas que, en todos los países, y aún con todos los esfuerzos realizados, quedaron excluidos del Sistema Educativo.

En este sentido, la utilización de la tecnología como herramienta pensada en clave de inclusión y de derechos, demanda un posicionamiento político-pedagógico fuertemente sostenido en la soberanía educativa. La posibilidad consiste en que los Estados generen las herramientas de comunicación que les permitan diseñar sus propias plataformas y que sean de accesibilidad gratuita para toda la comunidad educativa. Argentina tiene la capacidad humana y tecnológica para no depender ni de Zoom, ni de Meet, ni de ninguna de esas herramientas del mercado. Esto hay que ampliarlo y democratizarlo para convertirlo en un bien común a todos y todas. Y, fundamentalmente, generar políticas de intervención y de cuidado que atiendan a aquellos sectores más vulnerados. Para ello es importante recuperar y enriquecer lo que ya teníamos, como el programa Conectar Igualdad, que desmanteló el macrismo. Esa es hoy la disputa en América latina. En la Internacional de la Educación para América Latina (IEAL) produjimos un documento –Tendencias-Situación laboral y educativa de América Latina en el contexto de la pandemia del COVID-19 – donde describimos todas las tendencias que hemos estado viendo durante el año 2020.

Tenemos una ventana de oportunidad. Porque se tuvo que reconocer, por las dificultades que significó la virtualidad, que al final de cuentas la Educación Pública y los docentes son imprescindibles.

737: ¿Qué relación podemos encontrar entre estas tendencias y las que se implementaron a fines del siglo anterior, con el caso paradigmático de Chile?

Eduardo: El modelo chileno se pudo instrumentar por una única razón: la dictadura de Pinochet. Se necesitó una dictadura para desmantelar, de la forma en que lo hizo, el Estado y hacer que todo lo público pasara a ser privado. En una oportunidad una Ministra de Educación de Colombia dijo: “yo estoy de acuerdo con el modelo chileno, el problema es que nosotros estamos en democracia”. Hubo otros países donde fueron llegando tendencias de privatización y mercantilización bajo diferentes modalidades. Países de Centroamérica con profundos conflictos sociales, con guerras civiles durante muchos años, donde el Estado decía “estamos dedicados a esto”, se desentendieron de la educación y la propia realidad, por inercia y abandono, fue instalando escuelas privadas. Otro caso es el de Perú, que tuvo en los últimos años, un fuerte incremento de las escuelas voucher. Uno va por Lima y todavía puede encontrar un viejo cartel de un garaje donde hoy funciona una escuela privada; las empresas no se dispusieron ni a mejorar la infraestructura y quizás hasta le colocaron un nombre en inglés. Y, en países tan descentralizados como Brasil que tiene tantos sistemas educativos como cantidad de ciudades, el control estatal de esos sub-sistemas es casi imposible, la educación depende de los recursos económicos de cada municipio.

Ahora bien, el modelo chileno era “hacete cargo vos”. Eso hoy no es negocio para los sectores privatistas, porque tienen que ir a buscar al cliente. Las empresas dicen “que el Estado me financie, yo lo que hago es proveer el servicio”. Al “cliente” lo tienen encerrado en su corralito. Por eso, desde la Internacional de la Educación no hablamos tanto de privatización, que no deja de haberla, sino de mercantilización. El Estado sigue regulando algunas esferas de campo educativo y el privado, además de llevarse su buena ganancia, incorpora los mecanismos, las concepciones y los valores de los sistemas empresariales a la propia escuela.

737: ¿Qué persiguen con eso?

Eduardo: Generar los ciudadanos que el nuevo modelo de la sociedad capitalista del siglo XXI está pensando: el ciudadano global. Ahora, esto va a contramano de lo que cada vez se constata más que está pasando en el mundo: que la globalización no dio los efectos virtuosos que se vaticinaban. Muy por el contrario, hoy observamos mayor concentración de la riqueza en pocas manos y enormes bolsones de pobreza y miseria extendidos por todo el planeta. Pero a nosotros nos dicen que hay que generar un ciudadano global, y para eso se necesitan sistemas educativos globales con currícula globales. Todos tenemos que enseñar lo mismo. ¿Por qué? Porque después tenemos que hacer la evaluación PISA; no se pueden evaluar prácticas pedagógicas y currícula diferenciadas con pruebas estandarizadas. Por eso la OCDE, ahora está diseñando un modelo curricular para bajar a todos los países. Ahí entonces, tendría sentido hacer una prueba estandarizada global. Hoy esas pruebas no tienen sentido más que para decir que aquellos países con índices de “baja calidad” (según sus parámetros y sus concepciones de “calidad”), deben realizar las transformaciones educativas necesarias, que son las que ellos promueven, obviamente.

737: ¿Cuál es el panorama hacia adelante?

Eduardo: Hay una disputa muy grande entre nuestras organizaciones sindicales y populares y estas políticas mercantilizadoras. Tenemos buenas señales: la recuperación del gobierno en el Estado Plurinacional de Bolivia, la victoria de Pedro Castillo en Perú, lo que está sucediendo en Chile. En este último país hay una transformación profunda que empezó en la calle y hoy se expresa en la Convención Constituyente, donde se va hacia una discusión muy fuerte en torno a un sistema de educación público y la estatización del sistema previsional. Entre la lucha popular y la posibilidad de conquista de gobiernos populares en nuestros países, hay una expectativa de que se empiecen a revertir esas tendencias. Ahora, esto no implica que aún en gobiernos de carácter progresista no tengamos que discutir fuertemente algunas cuestiones. Porque a veces hay más neoliberalismo del que quisiéramos reconocer y una cierta lentitud en las transformaciones. Tenemos mucho por hacer, los problemas urgentes de la coyuntura necesitan ser abordados con audacia, pero también con la rigurosidad y honestidad intelectual que significa articular esos problemas con políticas macro. En nuestro campo, se tienen que sostener fundamentalmente el debate y la negociación con las organizaciones que representan la voz de las y los trabajadores de la educación en nuestros países. Esto es algo que en la mayoría de la región no existió en ningún momento durante la pandemia. Y sí podemos reconocer que, en nuestro país, desde el primer día, fuimos convocados por el Ministro de Educación y pudimos hacer oír nuestra voz. Tuvimos, por ejemplo, el Acuerdo Paritario donde resolvimos el tema del teletrabajo, un tema que cada vez que lo decimos en América Latina nos dicen “ya lo queremos discutir en nuestros países”.

la utilización de la tecnología como herramienta pensada en clave de inclusión y de derechos, demanda un posicionamiento político-pedagógico fuertemente sostenido en la soberanía educativa (…) Esa es hoy la disputa en América latina

Hoy la política más fuerte de la Internacional de la Educación a nivel mundial está centrada en la campaña contra la privatización y la mercantilización educativa. Porque estos procesos están prácticamente en todos los países, incluidos los europeos y ni hablar de EEUU; hay estudios que marcan que la caída en la batalla por el desarrollo tecnológico industrial frente a los países asiáticos, tuvo mucho que ver con la profunda mercantilización de los sistemas educativos de Reagan para adelante.

Esta es la gran tensión a nivel mundial. O fortalecemos nuestros sistemas educativos públicos con el debate y la propia producción de saberes que portan nuestras compañeras y compañeros, o vienen los enlatados a generar chicos/as y jóvenes también enlatados, acríticos/as y bien maleables para adecuarse a las condiciones de empleabilidad que pretende instalar la lógica neoliberal al convertir a la escuela, los conocimientos y hasta los vínculos sociales en meras mercancías.

Los sindicatos docentes de la Internacional de la Educación estamos dando la pelea y, a pesar de la disparidad en las relaciones de fuerzas (por el carácter monopólico que tienen las empresas transnacionales y el poder de que disponen para instalar su discurso hegemónico), no pudieron con nosotros. La pandemia, de alguna manera, pudo ser una ventana de oportunidad muy grande porque la mayoría de las sociedades tuvieron que reconocer no sólo el compromiso ético y político, sino también la pericia técnica y el “saber hacer” en términos pedagógicos de las y los docentes al dar una inmensa batalla para garantizar que sus hijas e hijos tuvieran la mejor educación posible en un contexto tan doloroso como incierto. Ese impulso y reconocimiento tenemos que aprovecharlo las organizaciones sindicales en conjunto con la mayor coalición de organizaciones que podamos, para promover aumentos sostenidos en el financiamiento y un modelo de educación para nuestros países que nos permita discutir soberanamente qué es aquello que queremos y necesitamos transformar, pero también lo que deseamos conservar, o mejor aún, aquello a lo que no estamos dispuestos a renunciar. Y eso significa entre otras cosas, la obstinada lucha por sostener y fortalecer el carácter público de la escuela pública. Creo que sería el mejor homenaje que le podemos brindar al maestro Paulo Freire en el centésimo aniversario de su nacimiento.

Eduardo Raúl Pereyra. Profesor de Educación Física, en escuelas primarias y secundarias de la provincia de Buenos Aires. Secretario de Relaciones Internacionales de CTERA. Coordinador por el sector de los trabajadores de la educación del MERCOSUR Educativo. Coordinador del Conosur de la Red S.E.P.A. (Red Social para la Educación Pública en las Américas). Miembro de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la Central de Trabajadores de la Argentina.