EL FUTURO DEL TRABAJO: IDENTIDADES EN DISPUTA BAJO EL ASEDIO NEOLIBERAL

Entrevista con Mónica Sladogna

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El Estado de Bienestar se basaba en un proceso de inclusión dado por el trabajo, por la educación y por la familia nuclear”, dice Mónica Sladogna. Esos pilares, sobre los que se construyeron las identidades y solidaridades colectivas, están siendo dinamitados desde hace tiempo. Ahora, la pandemia pone al descubierto las desigualdades que la “normalidad” intentaba ocultar, y plantea nuevos desafíos. Las organizaciones sindicales, una de las últimas fronteras ante el retiro de la sociedad.

737: Si la pandemia pone al descubierto muchas cosas, ¿es porque la normalidad las tapaba?

Mónica Sladogna: Yo tengo como hipótesis algo en el sentido de lo que vos comentás, esto de que la normalidad tapaba. En realidad, diría: el covid 19 dinamizó, amplió y profundizó procesos que ya venían. Yo estaba escuchando el podcast del INDEC en el que decían que el año pasado el 6,6 por ciento de los trabajadores teletrabajaban y este año es el 22 por ciento. Pero no es que este año empezamos con el 22 por ciento. Ya veníamos con un proceso lento, segmentado, y ahora con el tema del ASPO y las decisiones que tomó el gobierno de salvaguardar la vida, estos procesos, más allá de las intenciones, se han disparado.

Entonces, a mí me parece que, en ese sentido, el covid 19 y el teletrabajo, que son temas que están muy ligados, pusieron en juego viejas y nuevas desigualdades. Creo que incluso eso en el sector docente tuvo que haber sido percibido muy claramente, en términos de los problemas de conectividad de los y las docentes y obviamente de los alumnos y las alumnas.  

Además, y más allá del sector docente, lo que está pasando es que parece implotar uno de los pilares donde se asentaban las identidades y las solidaridades colectivas, que era el espacio de trabajo, en tanto un lugar donde nos convocábamos a todos, todas y todes como trabajadores y trabajadoras, y en el cual no sólo compartíamos un espacio sino también un tiempo de trabajo determinado.

el concepto de beca, la beca para que los chicos y las chicas estudien y se compren los libros, ¿no será necesario vincularla a datos del teléfono?

737: ¿Cuál es tu mirada sobre la ley de teletrabajo?

MS: La ley intenta, y está muy bien, poner un piso de derechos y un piso de seguridad en el tema de definir el teletrabajo como modalidad, que se puede realizar en diversos espacios, por lo cual da cuenta de esta desterritorialización que ha tenido el trabajo. Y por otro lado el tema del derecho a la desconexión, que abre una puerta para pensar (y esto está relacionado con las identidades) cómo se percibe el tiempo de trabajo cuando ya no es un tiempo colectivo impuesto, el turno.

Yo doy clases en la facultad a la noche, los martes de 19 a 21 iba a la sede de Santiago del Estero, para dar un ejemplo, pero ahora estoy en mi casa. Obviamente intento mantener la dinámica de clases a través de Zoom, respetando ese horario, pero no es lo mismo, eso está mucho más acotado. Pero en otros trabajadores y trabajadoras estatales, que empiezan a trabajar ahora por objetivos, ahí el tema de la percepción del tiempo y el derecho a la desconexión es un poquito relativo, me parece.

Tengo la sensación de que si lo abordamos bien vamos a darnos cuenta (para las docentes y los docentes) de la cantidad de trabajo que hay no transparentado por la normalidad para dar clases. El tiempo en que preparás la clase, el tiempo de corrección, de diseño de materiales. Pero cuando uno sale del ámbito docente, en el sector administrativo, por ejemplo, una cosa es que yo esté definida como asistente administrativa haciendo una tarea en una oficina, con mis compañeros y compañeras, y otra cosa es que me digan “bueno, vos ahora podés empezar a trabajar por objetivos”. Cuando yo trabajo por objetivos, a mí lo que me importa es entregar el trabajo, el resultado, y ahí la carga horaria la defino muy autónomamente.

Flexibilidad y autonomía

En los 80 y en los 90, la palabra clave, que a los que defendíamos el espacio sindical nos ponía inmediatamente en actitud defensiva y ofensiva, era flexibilidad. Todo lo que suene a flexibilidad, vos sabés que ahí hay riesgos de precarización, de despidos. Pero ahora la palabra clave es autonomía, y fíjate que autonomía es lo que una necesita para trabajar sola en su casa. Vos tenés que auto organizarte, establecer prioridades y definir autónomamente y aisladamente del colectivo de trabajadores del que formabas parte, qué tiempos trabajar, cómo trabajar.

Sí me parece que, para las organizaciones sindicales, este nuevo mundo de las relaciones laborales (…) tiene que ver con los nuevos procesos de comunicación, la heterogeneidad de los procesos comunicativos, el uso de internet no solo para trabajar sino para comunicarse, para aprender, para militar el tema sindical.

Entonces, tengo la sensación de que los cambios que se están introduciendo en relación al teletrabajo (más allá de la reversibilidad que tenga y de que volvamos en la nueva normalidad al 6 por ciento) dejan algunas marcas dentro del capitalismo, y hay que prestar atención.

Cuando trabajo en casa estoy sola frente a la computadora. Podrá ser provista por quien me contrate (la ley lo dice), me podrán pagar internet (la ley lo dice), me podrán dar la silla ergonométrica (la ley lo dice), pero la verdad es que tengo que reconocer que se me introducen otras desigualdades, por ejemplo: ¿tiene mi casa espacio para la silla ergonométrica?, ¿a qué tipo de internet tengo acceso en el barrio donde vivo?  Porque supongamos que me dicen “ok, nosotros le pagamos la mejor internet, la banda ancha de 300 megas”, pero a mi barrio no llega, para volver a la cuestión de las nuevas desigualdades, que también se nota obviamente en el tema de las clases. Y me hago una pregunta: el concepto de beca, la beca para que los chicos y las chicas estudien y se compren los libros, ¿no será necesario vincularla a datos del teléfono?

Hay cambios a nivel de las relaciones laborales y sociales que tenemos que estar mirando con mucha atención.

737: Esta realidad de la que hablamos, con sus complejidades y sus nuevas desigualdades, ¿requiere a su vez nuevos posicionamientos por parte de las organizaciones sindicales? Porque el teletrabajo introduce matices que de alguna manera modifican el escenario en el que se movían los sindicatos…

MS: Al margen del teletrabajo, el mercado laboral en la Argentina tiene más del 40 por ciento de informalidad. Entonces, esta idea de los trabajadores que se juntaban en un espacio con un empleo fijo, con un horario de trabajo, con un patrón, no es ya el de todos, no es toda la clase trabajadora. Hay un 42 por ciento en la Argentina que está trabajando en la informalidad con condiciones terribles. Pero volviendo a esto que vos planteás de las organizaciones sindicales, yo creo que hay algunas movidas a las que hay que prestarle atención. Por ejemplo, al mes, mes y medio de la pandemia, algunas organizaciones sindicales empezaron a hacer encuestas a sus afiliados y afiliadas para ver cómo estaban. Y a mí me parece que esa fue una buena reacción en términos de pensar la organización sindical como un ámbito de comunicación entre afiliados, delegados y dirigentes. Me parece que sienten que algo tiene que volver a comunicarse, o a informarse sobre qué está pasando con quienes trabajan. Para algunos trabajadores está buenísimo no tener que levantarse a las 5 de la mañana para llegar a las 7; otros extrañan volver al lugar de trabajo, porque también ahí había procesos de aprendizaje. Ahora yo estoy sola frente a la computadora. Si se tilda, no prende, ¿a quién le pido ayuda?

Sí me parece que, para las organizaciones sindicales, este nuevo mundo de las relaciones laborales (insisto que va más allá del teletrabajo) tiene que ver con los nuevos procesos de comunicación, la heterogeneidad de los procesos comunicativos, el uso de internet no solo para trabajar sino para comunicarse, para aprender, para militar el tema sindical.

Más allá del teletrabajo y del covid, creo que tenemos que pensar qué nuevas relaciones laborales están aconteciendo, qué nuevas desigualdades estamos viviendo, qué nuevas subjetividades, qué sentido está teniendo el trabajo para quienes trabajan. Para algunos está bueno quedarse en la casa y otros extrañan volver al lugar de trabajo. Ahí hay sentidos distintos de lo que es ir a trabajar. El sentido que tiene el lugar de trabajo. Para algunos es un plomazo, porque tienen que tomar tren, colectivo, es riesgoso; para otros es el lugar donde están con los compañeros y las compañeras, donde aprenden, donde intercambian información, donde no se sienten solos.

Por el lado sindical, a mí me parece que hay que buscar una apropiación de estas formas de datos más integrales, como una big data sindical. Yo siempre pensé en un sindicato 4.0, que use estas tecnologías, se las apropie, para la protección de trabajadores, para una mayor eficacia en la representación, para conocer con mayor profundidad qué está pasando.

737: Hablás de comunicación y de internet. ¿Qué pasa con la circulación y el control de los datos?

MS: Hay una autora que se llama Shoshana Zuboff que habla del capitalismo de vigilancia. Ella dice que ahora todo es el algoritmo, la gestión por algoritmo, cómo nos controlan. Cuando yo uso un software que me manda la empresa, o el colegio, o el Google Meet, o el Zoom, o el Jitsi, o lo que sea que use, hay un algoritmo que está controlándome, que puede ser pedido por la escuela o por el Estado, o puede ser manejado por Google, por Microsoft, por IBM, por los grandes dueños del capitalismo actual que toma a los seres humanos, o a los datos que los seres humanos generan, cuando trabajan, cuando consumen, cuando dicen que les gusta algo, cuando dicen que están felices o que quieren hacer dieta. Todo lo que decimos en las redes genera una cantidad de información sobre nosotros y una forma de control que cuando caen las relaciones laborales yo creo que hay que tener particular cuidado.

Por el lado sindical, a mí me parece que hay que buscar una apropiación de estas formas de datos más integrales, como una big data sindical. Yo siempre pensé en un sindicato 4.0, que use estas tecnologías, se las apropie, para la protección de trabajadores, para una mayor eficacia en la representación, para conocer con mayor profundidad qué está pasando. Porque esto, de hecho, las empresas, los Estados, los partidos políticos, lo están haciendo.

La última frontera

737: El trabajo y la escuela venían funcionando como organizadores sociales y familiares. ¿Esto está siendo puesto en discusión?

MS: Se está intentando dinamitar a los dos pilares de las identidades y solidaridades colectivas, que dieron pie a la sociedad del trabajo: la escuela y el mundo laboral. El cuestionamiento al sistema educativo, dentro de esta etapa del capitalismo, es de larga data. Ciertamente, esta idea de la masividad, que fue un factor de construcción de identidades colectivas, de solidaridades colectivas, de subjetividades compartidas, me parece que está siendo dinamitada de diversas formas. La familia también ha cambiado. El Estado de Bienestar se basaba en un proceso de inclusión dado por el trabajo, por la educación y por la familia nuclear. La familia nuclear ya es una rara avis. Las comunidades, tal cual las conocíamos, tal vez sigan existiendo en algunas ciudades chicas, pero en los grandes centros urbanos la idea de comunidad entra en crisis.

Y en el mercado del trabajo estamos viviendo estos fenómenos. De desterritorialización, de la gran fábrica o la gran escuela, y de la idea de volar los tiempos de trabajo-estudio. ¿Cuánto tiempo necesito para trabajar?, ¿cómo son estos derechos ahora? Las organizaciones sindicales son como la última frontera que nos queda frente al retiro de la sociedad que estamos viviendo.

El trabajo, la escuela, el Estado y los sindicatos. Todo este tema de la deslegitimación del actor sindical. Es muy riesgoso lo que estamos construyendo, o deconstruyendo, o no construyendo, o no prestándole atención. Yo miro con preocupación estos temas. Las sociedades están muy segmentadas, muy fragmentadas, y el sentimiento que está apareciendo no es el de la solidaridad y la identidad colectiva, sino el de la frustración y el odio

Los nuevos desafíos

737: Hablamos sobre el trabajo, sobre identidades en disputa, en un escenario en el que el capitalismo está dinamitando el trabajo y la escuela. En ese marco, ¿cómo ves a la Argentina?

MS: El trabajo, la escuela, el Estado y los sindicatos. Todo este tema de la deslegitimación del actor sindical. Es muy riesgoso lo que estamos construyendo, o deconstruyendo, o no construyendo, o no prestándole atención. Yo miro con preocupación estos temas. Las sociedades están muy segmentadas, muy fragmentadas, y el sentimiento que está apareciendo no es el de la solidaridad y la identidad colectiva, sino el de la frustración y el odio.

Los datos del INDEC sobre pobreza e indigencia en la Argentina dan cuenta de la gravedad de la situación. Y a esos datos hay que sumarle los indicadores de desempleo. La situación es grave, por el covid, la globalización. Tenemos un gobierno que intentó proteger la salud, pero en un contexto gravísimo.

Por otro lado, estos mecanismos de los que estuvimos conversando de la gestión por algoritmos, del uso de las redes, por la forma en que se construyen los datos, apuntan a fortalecer cuestiones de odio y de irracionalidad. Pensemos que el año que viene hay elecciones, y que están operando estos temas de segmentación, de odio, de frustración, de poca tolerancia al otro, de deslegitimar al otro permanentemente. Todo esto genera un problema.

El actor sindical creo que tiene que revisar un poco sus rituales. Pienso que hay algunos rituales que han desaparecido, pero hay otros que hay que revisarlos. Es un momento en el que las organizaciones tienen que ponerse a pensar, profundamente, qué está pasando con quienes trabajan, con los delegados y las delegadas, con la dirigencia, cómo nos estamos comunicando.

El actor sindical creo que tiene que revisar un poco sus rituales. Pienso que hay algunos rituales que han desaparecido, pero hay otros que hay que revisarlos. Es un momento en el que las organizaciones tienen que ponerse a pensar, profundamente, qué está pasando con quienes trabajan, con los delegados y las delegadas, con la dirigencia, cómo nos estamos comunicando

Tenemos que ver cómo se construye una nueva solidaridad, que no necesariamente se construye levantando las viejas banderas, tampoco tirándolas por la ventana, pero me parece que hay que ver qué significados tienen en esta sociedad algunos conceptos que a nosotros nos llenan el corazón y el alma, algunas banderas que nos llenan el corazón y el alma, pero que cuando me encuentro con otro, le son extrañas. Entonces, me parece que estos son los desafíos del momento.

Insisto, las organizaciones sindicales son una de las últimas fronteras de protección de derechos, pero también están siendo cuestionadas en sus formas, en sus modelos de acción, en el diseño de sus estrategias. Entonces tenemos que animarnos a ver lo que no queremos ver para poder reconstruirnos como sociedad.

737: Parece que la pandemia solo desmoviliza al campo nacional y popular, no así a la derecha, que se manifiesta en las calles como si nada pasara. ¿Pensás que ese respeto por las normas de cuidado nos pone en desventaja?

MS: Por supuesto, pero me parece que se trata de ver cómo hacemos respetar las nuevas normas. No estoy a favor de ponerme “terraplanista de izquierda”, por decirlo de alguna forma. Creo que exacerbar el discurso del odio no nos fortalece. Sí me parece que hay que pensar otras formas de llegar, otras formas de movilizar y -me duele hasta decirlo- no quedar tan atrapados por un pasado glorioso. ¿Quién no extraña la casa de la infancia? Si uno tuvo una infancia feliz, ¿quién no extraña volver de la escuela, con tu papá y tu mamá, con tus hermanos, esa cuestión de seguridad? Pero ya no somos niños. Son desafíos. Estamos entre las tradiciones, entre estos rituales, que hay que actualizar, hay que modificar, hay que mantener, y la construcción de nuevos rituales y nuevos desafíos. Es un momento para proteger los espacios de pensamiento.

Mónica Sladogna es Directora de Proyectos Sindicales de la Fundación Friedrich Ebert en Argentina. Docente universitaria en la UBA y la UMET.  Fue Directora en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social en la gestión del ex ministro Carlos Tomada. Siempre trabajó en temas vinculados con la innovación y la formación profesional con organizaciones sindicales.