Cuando nos volvamos a ver…

La voz de lxs docentes de Escuelas Rurales

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“Parece que fue ayer cuando nos saludamos hasta el lunes chicos, y acá estamos en nuestras casas transitando un nuevo modo de hacer escuela, sin abrazarnos, a la distancia, con nuevos desafíos, lleno de distintas emociones que nos atraviesan tanto a nosotros docentes como a las familias. Pero juntos y en el mismo camino”.

Elizabeth Juez  “Liz”, Directora de la Escuela n° 6, a 14 km de Brandsen; mensaje a su comunidad

“Empezamos las clases con mucho entusiasmo porque durante el verano logramos una donación de pintura, de cortinas y de muchas cosas más. Necesitábamos mano de obra y ahí fuimos los docentes y las familias de los alumnos. Habíamos dejado la escuela hermosa, como nos merecemos para poder enseñar y aprender. Las dos primeras semanas estábamos fascinados y luego…”

 Andrea Vigil, Directora de la Escuela n° 18 de Jornada Completa, Ramón Santamarina, a 65 kilómetros de Necochea.

Sofía Thisted, Doctora en Educación, es Profesora en las Universidades de Bs. As. y La Plata, e integrante del Equipo de la Secretaría de Educación y Cultura de SUTEBA.

Cuando abren las escuelas rurales interrumpen el aislamiento que el medio les propone. Su presencia produce un tiempo de infancia y juventud, de vínculos con otrxs adultxs y también con coetánexs, niñxs o jóvenes, es territorio de una experiencia comunitaria que por las características geográficas y poblacionales suelen dificultarse. Además, al tiempo que es un ámbito  de contacto con otros mundos a través de aquello que allí se enseña, permite el acceso a ciertos servicios públicos: alimentación, salud, documentación, distribución de semillas, gestión de trámites, entre tantos otros. De hecho una parte significativa del transporte –sea público, escolar o los propios docentxs con sus vehículos- que conecta los parajes, las localidades pequeñas, las viviendas en las islas se discontinúa cuando la escuela está de vacaciones. 

Foto: Cortesía del entrevistado

En los ámbitos rurales el efecto de la imposibilidad de ir a la escuela por la pandemia se siente de modos específicos: las dificultades de acceso al servicio eléctrico, a la señal de celulares o de internet; la falta de transporte público o el funcionamiento mínimo que se sostiene; las condiciones de vida de las familias, muchas atravesadas profundamente por la desigualdad adquieren otra densidad. Y es así que el aislamiento social obligatorio combinado con el que el medio impone se potencian y el desafío para hacerle frente exige creatividad y solidaridad para sortear un sinfín de problemas logísticos.

Las escuelas rurales bonaerenses han ido construyendo a lo largo de su historia formas de vinculación con las familias que en un contexto como éste aparecen como estratégicas: la escuela es lugar de sociabilidad de niñxs y adultxs, de celebraciones patrias pero también de organización comunitaria. También, acostumbradas a que el barro, una inundación o una sudestada interrumpan la escolaridad temporalmente, suelen disponer de proyectos de contingencia –aunque no pensados para tiempos tan prolongados ni para el aislamiento social obligatorio- construidos en función de no discontinuar ciertos procesos de enseñanza por este tipo de situaciones. Finalmente, muchas de ellas trabajan en pluriaños, lo que suele impulsar el trabajo autónomo de niñxs y jóvenes durante las clases. Pero también son ámbitos en los que se condensan desigualdades.

Al igual que en otros órdenes de la vida, en las escuelas rurales la pandemia está dejando a la vista la magnitud de las dificultades que atraviesan lxs niñxs, jóvenes y adultxs en su vida cotidiana. También las condiciones en que lxs docentes trabajan y los esfuerzos por sortear obstáculos que cotidianamente se realizan. Y los sentidos que tienen las escuelas rurales, que no pueden analizarse en clave de costos o cantidad de niñxs o jóvenes por curso, desconociendo qué significa una escuela en un paraje, en un arroyo, en el campo.

Los invitamos a encontrarse con las voces de cinco directivxs de escuelas rurales de nuestra provincia y aprovechar esta circunstancia para visibilizar cómo están atravesando la pandemia. 

Karina Besada, Directora de la Escuela Unitaria n° 46, paraje de Cambaceres, a 35 km de 9 de Julio:

“Para llegar a la escuela hay cuatro km de tierra, que en los días de lluvia se hacen intransitables. Por esto siempre cuando comenzamos el año prevemos que cada nene tenga un cuadernillo con actividades. También preparamos una “bolsita viajera”, con libros de cuento y juegos, porque no sabemos en qué momento no vamos a poder acceder a la escuela”.

Leonardo Leiva, “Leo”, Director de la Escuela n° 20,  Río Paraná Miní, del Delta de San Fernando; dos horas y media desde la estación fluvial de Tigre:

“Estamos acostumbrados a las sudestadas, donde no nos vemos por dos o tres días, pero esta situación nos obligó a repensar muchas cosas. Siempre nuestra enseñanza se caracterizó por el encuentro físico con los niños y con las niñas. Y en el contexto de isla, la presencia del docente tiene como un condimento, un aditivo, teniendo en cuenta que son alumnos que viven aislados”.

Foto: Cortesía de la entrevistada

Liz: “Primero pensé que serían unos días entonces organicé actividades individuales. Después  el Ministerio de Educación hizo la página tan hermosa “Seguimos estudiando”, pero no la pude utilizar porque las familias no tienen computadoras ni internet. Nos comunicamos a través de whatsapp; una vez por semana realizo video- llamada, para contamos cómo estamos. Luego llegaron los cuadernillos que fui adaptando a lo que cada uno necesitaba. Como siempre me quedaba la sensación de que me faltaba lo colectivo, pensé un proyecto sobre literatura donde cada uno, además de las actividades relacionadas con prácticas del lenguaje, hizo dibujos, se grabaron leyendo y con todo ese material armé un video con la narración del cuento”.

Karina. “Nuestra comunicación centralmente es por whatsapp. Esto cuando ellos nos avisan que ya pueden usar los celulares, es decir que tienen señal o que tienen datos. No se puede hacer todos los días”.

Leo: “Cuando no hay electricidad no hay conectividad con los teléfonos: hay una sola empresa con la que funciona la conectividad telefónica. Además, esa poca conectividad es muy lenta por lo tanto tuvimos que aprender que no podemos enviar actividades en Word porque es pesado y porque no todos los teléfonos tienen el aplicativo para leerlo. Y no pueden bajar ese aplicativo salvo que vengan a planta urbana. Así que tenemos que preparar las propuestas en formatos que no sean pesados para bajar”.

Liz: “No es fácil trabajar sin poder estar al lado de cada uno, acompañando cada trayectoria, más aún cuando los papás sienten que están limitados para hacerlo porque en el campo siguen trabajando y también por la falta de conocimiento”.

Loredana Cantelmi, Directora de la Escuela Unitaria n° 26; Paraje Campo Blanco, a 45 km de Salto:

“Mantenemos un contacto diario pero pensando que la escuela no sea un problema en este momento. Tenemos que ser concientes de que los papás no son los docentes y la casa no es la escuela. Sin que los chicos pierdan la posibilidad de aprender, de poder trabajar en familia, creo que es importante no agregar una dificultad más a la casa. Yo mantengo mucho intercambio de mensajes y llamadas con las mamás. En los momentos en que me relaciono con los nenes, ellas en la mayoría de las llamadas están, necesitan también de esa relación con la maestra, con la escuela. El acompañamiento que brindan a sus hijos es invalorable. Muchos papás leen y escriben muy poco, entonces ayudar a sus hijos se les dificulta también, por eso es importante llevarles un poco de tranquilidad”.

Andrea: “Las propuestas de las maestras tuvieron en cuenta el entorno rural, la no conectividad y la escasez de recursos tecnológicos que muchas familias tienen. La profesora de educación física, por ejemplo, armó unas secuencias de trabajo con las familias para salir al patio de la casa a hacer actividades de cuando eran chicos”.

Liz: “La escuela es para los nenes el espacio de encuentro con otros de su edad; y de las familias con los vecinos. Por eso todas las mañanas a las 9 les mando un mensajito de audio. Además para que los chicos puedan tener una rutina, que es algo que está costando mucho”.

Leo: “En relación con la tarea específica de acompañar, asesorar, pensar juntos propuestas de enseñanza, lo que hice es armar un Classroom, simulando un aula donde los docentes son alumnos y yo soy el maestro. Ahí los docentes van colgando las actividades para que haya un ida y una vuelta, las voy mirando, vamos haciendo comentarios y haciendo ajustes”.

Karina: “Como somos pocos integrantes -yo tengo a cargo los profesores de educación física, de inglés y de plástica- se pueden hacer acuerdos por conferencia por whatsapp. Igual es difícil concentrar a todos los profes, porque tienen distintos horarios en otras escuelas”.

Andrea: “Con las compañeras del área y la inspectora hacemos una o dos veces por semana charlas en Zoom, para contar las experiencias y compartir lo que nos sale bien y lo que no nos sale tan bien. Lo mismo hago yo con las maestras para ver qué situaciones o qué nene les está preocupando para entre todas ver cómo lo resolvemos. El alumno no es de un solo maestro sino de la institución”.

Foto: Cortesía de la entrevistada

Loredana: “Esta situación hizo que nos apoyemos mucho en el otro, que el lazo entre nosotras, las directoras, sea más profundo. Intercambiamos muchas cosas. Por ejemplo, una directora todos los días a la tardecita sube al grupo “Cuentos que viajan” y nosotros lo reenviamos a las familias. Y eso es lo último que en las casas hacen de la escuela: lo escuchan en familia”.

Andrea: “La totalidad de la matrícula recibe el bolsón alimentario y somos los docentes los que nos encargamos de repartirlos. Con mucha educación las familias los reciben y se da que algunas mamás dicen yo todavía tengo así que prefiero que se lo des a la mamá de fulanito que lo está pasando peor”.

Leo: “Cada vez que enviamos los bolsones alimentarios desde Tigre se envía el cuadernillo de la Dirección General de Escuelas. Salen las 10 lanchas que recorren el interior del delta y después de una o dos horas empiezan los llamados: “no pasó la lancha, estaba en el muelle, no me vio; o las preguntas: dejaron el bolsón pero no me dejaron el cuadernillo”.

Andrea: “La idea era que un transporte escolar repartiera los cuadernillos. Conociendo yo que las direcciones no son exactas -ni de los campos ni de las estancias donde los papás trabajan de changas en los puestos- la jefa regional me autorizó a llevarlos. Agarré mi auto y llevé también los del jardín de infantes y los de la escuela agropecuaria. Las tres directoras hicimos el llamado a las familias que podían venir, y a las que no, nos acercamos nosotras o siempre hay alguien que de pasadita se lo puede dejar a otro. La solidaridad acá siempre está”.

Karina. “Lo que más está costando en mi comunidad, es que la escuela está rodeada por una estancia que es la que les da trabajo a todas las familias. Algunos están en blanco y otros no. Con la pandemia no pueden salir, entonces les faltan cosas. Mercaderías les llevan, lo esencial, pero por ejemplo no tienen yogurt.  Entonces, a veces las mamás me llaman y me dicen Seño, si usted viene para acá ¿no me trae yogurt?”.

Foto: Cortesía de la entrevistada

Andrea: “En el paraje contamos con un puesto sanitario así que estamos en permanente contacto con el enfermero y con el médico rural, que sabe quién tiene y quién no tiene puesta las vacunas. También somos mediadores en eso. Ahora lo hacemos a través de los llamados”.

Leo: “Esto es minuto a minuto, uno va permanentemente acomodando su cabeza, pero lo que puedo llegar a concluir es ¡qué imprescindible la presencia del docente que acompaña, que aloja, que contiene! ¡Y qué necesario son los espacios de encuentro con otros compañeros! Para discutir y consensuar las mejores decisiones para este niño o a esta niña o este grupo, para construir la mejor propuesta en función del contexto, para pensar en forma conjunta la educación que les permita apropiarse de lo que por derecho se les debe posibilitar que se apropien, para ser seres humanos libres”.

Loredana: “Al hablar con los chicos, siempre les decimos cuando estemos en la escuela, cuando nos volvamos a ver… Siempre hablándoles del futuro y en que nos vamos a volver a ver”.